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Pedro de Silva

La industria de la maledicencia

Ana Rosa Quintana.

En un artículo titulado de ese modo, que es denuncia pública y hasta manifiesto, el escritor Javier Marías ha alzado la voz frente al fenómeno de masas que, a través de los medios, la corte expandida de tertulianos, las redes y las propias tribunas políticas ha contaminado a la sociedad, de natural tan predispuesta a ello, pero ahora legitimada por el prestigio mediático y las voces autorizadas. Es una industria que renta muchísimo, subvencionada por las propias audiencias, sin que entre tanto moralista de café y predicador de púlpito o tribuna como hay asome casi nadie la cabeza para pedir, al menos, contención en los vendedores de maledicencia y un poco de abstinencia en los consumidores. Se trata de una crisis de salud en toda regla, con enorme potencial de destrucción de la convivencia a pequeña, mediana y gran escala, que nos pilla sin médicos, sin remedios y sin vacuna.

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