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Carmen Martínez-Fortún

Macromachismo y neolengua

Una imagen de 'La Isla de las tentaciones'.

Una imagen de 'La Isla de las tentaciones'.

Difícil la condición de la mujer desde el Neolítico, que ya alberga vestigios de machismo. Mujeres silenciadas, subordinadas, sacrificadas, ocultas. Perseguidas por osadías como amar, escribir, estudiar, pensar o guerrear. Una de las razones del tribunal para condenar a Juana de Arco fue la de vestir de hombre, maldad merecedora de la hoguera, lo mismo que no someterse a los códigos del matrimonio y la reproducción. Genoveva de Brabante, calumniada como adúltera y condenada a muerte aunque perdonada por sus verdugos, vivió seis años con su hijo en una cueva y menos mal que la alimentó una corza. Todo por algo que a su marido no le hubiera supuesto una regañina. Y la pobre Lady Godiva de Coventry fue humillada por su esposo, desnuda a lomos de un caballo, por oponerse a unos impuestos injustos. Historias o leyendas, breves testimonios del cúmulo de injusticias convertidas en muros inexpugnables contra las que se han estrellado las mujeres hasta el siglo XXI, en el que sigue la desigualdad de hecho y el sostenido fracaso de la violencia contra ellas. Anteayer en España, otra muerta más.

El desafío es inmenso y pese alas conquistas, el machismo persiste en conductas consideradas pequeñeces y que, sin embargo, lo sostienen. Por ejemplo anteayer en un programa frívolo en el que unos jóvenes se recluyen en una isla para encontrar el sexo aunque lo llaman amor, ellos las festejaban como ¡menudas jacas!, alabando sus ¡melones! con un respeto perfectamente descriptible por inexistente. Ese respeto imprescindible en cualquier relación para eliminar todo germen de violencia. Macromachismos peligrosísimos en apariencia minúsculos.

Menos mal que la ministra de Igualdad combate el mal como se debe. Con una solución práctica, eficaz, bien programada y real. Y emplea su tiempo e inconmensurable cerebro en crear y divulgar la neolengua salvadora- en el principio era el verbo- que incluya a todos, todas y todes. Ya se sabe que solo la educación es el camino. Aunque una, la verdad, no entienda por qué discrimina a todis y todus. Con el debido respeto.

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