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Mercè Marrero.

Eres del Quimicefa o del Monopoly

Tengo un amigo que considera que las personas son del Monopoly o del Quimicefa. Los primeros buscan ganar dinero y los segundos quieren aprender

Imagen de la versión femenina del Monopoly.

Imagen de la versión femenina del Monopoly.

Mi amigo Francesc me dijo que él dividía a las personas en función de si jugaban al Quimicefa o al Monopoly. Para los primeros, el objetivo es el aprendizaje. Para los segundos, ganar dinero. A mí me gustaría ser eso que se estila tanto ahora, un híbrido, y ser una Quimipoly. Él está en el bando de los Quimicefa porque, entre otras cosas, hace vinos y a cada cual más bueno. 

El otro día le pregunté a mi amigo guitarrista Pep cuál era su criterio para seguir aprendiendo y descubriendo nuevas tendencias. Se lo pensó un rato y al final me dijo que se dejaba asesorar por colegas y que gente buena, y no tan buena, le enviaba sus trabajos. La mejor manera de aprender y de tener una opinión es escuchar mucho, pero si no tienes buenos prescriptores es fácil ir al pairo de lo que las plataformas de música te quieren encasquetar. Mi algoritmo siempre me lleva al bucle de los grandes éxitos del siglo pasado. Me pasa con la música como con las series. Cada vez que acabo las tropecientas temporadas de una, me las veo y me las deseo para elegir cuál será la siguiente. Invierto más tiempo buscando que visionando y, aun así, veo muchos bodrios. Llevo una lista con recomendaciones de gente de quien me fío, pero calculo que será allá por el año 2050 cuando acabe de verlo todo. El exceso de oferta lía y cada vez cuesta más encontrar opiniones de referentes con criterio en quien confiar. Aprender a seleccionar. He ahí la cuestión. 

Aprendizaje es sinónimo de curiosidad. Una madre judía le preguntó a su hija al volver de la escuela qué tal le había ido el día. “Bien”, dijo la chica. “¿Cuántas veces le has preguntado por qué a los profesores?”, replicó. En su opinión, ir al colegio solo tiene sentido si cuestionas y te cuestionas todo. Mi profesor de Filosofía decía que sabía más de la inquietud intelectual de sus alumnos por sus preguntas que por lo que escribían en sus exámenes y yo, en un plano más mundano, tengo la teoría de que los mejores amantes son curiosos. Porque tienen necesidad de conocer y de seguir descubriendo el cuerpo y el alma del otro a pesar de los años. Algo parecido a cuando jugabas con el Quimicefa y mezclabas sustancias hasta que la cosa hacía pim pam pum. 

Es difícil no sucumbir a la adrenalina del Monopoly. A comprar calles enteras y a jugar al todo o nada. Como la mayoría de la gente, me pregunto qué pasará cuando todo esto pase. Quién comprará y sacará rédito del descontento, de las desigualdades sociales y de la desconfianza. Podría ganar terreno el populismo y lo dramático sería que nosotros, hartos de todo, fuésemos hacia esa opción demagógica y eligiésemos sin criterio, como hago yo al pinchar sobre la selección de los grandes éxitos de los 90 de mi plataforma de música. Busco. Busco mucho. Y es que tenemos necesidad de encontrar esas voces válidas, personas y colectivos referentes que crean que la regeneración económica no solo será a golpe de Monopoly, sino que solo tendrá sentido si ésta va de la mano de una reconstrucción cultural, social y europea. Me voy a jugar al parchís.

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