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Esmeralda Marugán

Esmeralda Marugán

Periodista

Y yo sin fiestas

Tomás Antonio Giméno y sus dos hijas, Anna y Olivia, a las que mantiene en paradero desconocido.

Tomás Antonio Giméno y sus dos hijas, Anna y Olivia, a las que mantiene en paradero desconocido.

No quisiera que pensaran que estoy interesada en "ahogarlas", simplemente reivindico mi deseo de no tenerlas, ya que no me siento identificada con ninguna. Eso sí, quiero dejar claro que entiendo, en esta cuestión, los deseos de los otros, e incluso que, pese a ellas, estén vivos, y yo sea simplemente sea daño "colateral".

Aunque, indudablemente, desde el convencimiento de que no todos los deseos los podemos convertir en derechos, (algo que no parece entender la ministra de Igualdad, pese a la necesidad imperiosa que tenemos de que funcione, y con urgencia, ese ministerio).

A mí me queda el del "pataleo", y por ello, y puesto que escribo mi opinión, me gustaría desaparecer literalmente de los infinitos registros que me obligan a formar parte de diferentes rebaños, sin querer ofender a las ovejas, las mismas que cuento en las amanecidas en las que no duermo... Soy abuela y madre todos los días, soy mujer desde que nací, hija de trabajador y trabajadora, tengo mis santas, incluidas las no santificadas, mis brujas-hadas, y hasta mis golfos propios.

Mi memoria está muy acompañada, es mi refugio en cada conmemoración de guardar, las de a "Dios rogando" y las de con "el mazo dando", incluidas las paganas, pues con esa excusa invaden las calles y las plazas, para ensordecen mi oído en todas sus partes... Y es que, con total sinceridad, cada alrededor que vestido de día "D" me obliga a cumplirlo como mío, me enferma.

No soy antisocial, y me suele gustar, y mucho, la gente que me gusta. En más de una ocasión, cuando mi torpeza ha guiado mis pasos a algún evento de estos masivos e invasivos, con acorralamiento incluido, y en especial a la imposición irracional, y aquí añado – antidemocrática, y ensangrentada celebración que dicen "nacional”, he sentido la firme convicción de que "el infierno son los otros", y, en consecuencia, renovar mi admiración a Jean-Paul Sartre en este aspecto.

Mi ánimo no está para festejos, y no por la COVID, aunque ella siga entre nosotros, es por la falta de movilizaciones, recursos, conciencia, empatía, educación, aplicación de las leyes, y fundamentalmente justicia contra el genocidio que viven muchísimos niños, niñas y adolescentes en el mundo, y aunque no les interese admitirlo, en España, también, incluidos, sin lugar a duda, los mal llamados MENAS.

Hambre, miseria, malos tratos, incesto, custodias compartidas u otorgadas a quienes les hacen daños, y entregas a quienes por lucro o por aberración, (y generalmente ambas cosas) son sus pederastas, pero por el simple hecho de compartir ADN, aunque les destrocen su existencia, si el agresor es el padre, todo está permitido, incluso la tortura.

Lloran lágrimas de sangre, de dolor, de rabia, de impotencia y de agotamiento sus madres protectoras, mientras que los autos judiciales contradicen la realidad callada, y aún peor, la denunciada y la narrada por los menores a los que se niegan a creer, porque la presunción de inocencia del “páter familias”, al igual que la excusa de su libertad, se convierte en cómplice de su sagrado oficio. La prepotencia que les da su traje negro, las condenan a ellas y a sus criaturas a la cadena perpetua más sádica que se puede uno imaginar, una pena de muerte continuada (a pesar de no existir en nuestro código penal) , porque así se quedan ellas, asesinadas en vida y temiendo lo peor para sus hijos e hijas, porque ellos sí saben ¨dar donde más duele¨, y la violencia vicaria mata.

Y mientras tanto, aquí de fiesta en fiesta, y el resto de los poderes en silencio. Si lo dice un juez-jueza va a misa y se da por verdad, aunque las pruebas y sobre todo el testimonio del menor sea justo lo opuesto.

Lo que tengo claro es que no vamos a la misma iglesia, ni tendremos el mismo cielo, y de existir su contrario, en la otra vida, se verán con algunos colegas míos, pero no porque sus rostros reflejen orgasmos, (que malo es hablar de lo que no se sabe), malafollá, sí, tanta que parecen sus monólogos, y son varios, veredictos leídos desde las cloacas del país del mal, con ese altavoz rancio de su exilio casposo.

Mientras la ciudad que está más cerca del paraíso se emborracha de promesas para tomar decisiones importantes, dos pequeñas continúan sin aparecer. Un padre maltratador con derecho a visitas, una mujer que suplicó auxilio, pero no quisieron creerla, y un sistema que olvidó que su responsabilidad era protegerlas a las tres. La historia se repite día y noche, juzgado a juzgado, y denuncia tras denuncia… ¿Duermen bien los responsables?, ¿Por qué no escucharon a su madre, y tomaron medidas urgentes de protección y alejamiento? ¿Y ahora qué? ¿Acaso les sancionan, o se les retuercen las entrañas como el infierno que está soportando ella?

Ojalá aparezcan vivas, sanas, con ese hombre, no será posible, como no lo son las múltiples sentencias que dictan nuestros jueces, con apoyo de los fiscales-pilatos, los equipos psicosociales implicados que utilizan por bandera el inexistente SAP, y los letrados que les defienden, con el único fin de ganar dinero, porque todo esto es un negocio, y mortifícanos les sale rentable.

La verdad no importa, por mucho que adorne algunas pareces, e incluso algunos se piensen que nos hará libres. Me parece que visto lo visto se parece más a un eslogan propagandístico que al reflejo de nuestra sociedad. Ojo que, si encima se lo piensan que es cierto, tendrán en el pecado la penitencia. Será maldición bíblica también para ateos y agnósticos, aquí no se salva ninguno. El juego de lo importante nos ha hecho olvidar lo que importa. Allá ustedes, yo dejé de vivir en "mi Madrid".

Señorías, recen mucho, que no tienen perdón de ningún DIOS, por mucho protagonismo que se les de a ustedes, y a sus alrededores, en nuestras fiestas. Recen, que falta les hace, pero además de orar, empiecen a cumplir las leyes y a proteger a los más vulnerables y no a los verdugos.

Espero, que más pronto que tarde, encuentre una celebración particular, será la que devuelva a todas las criaturas que han sido vilmente arrancadas a sus madres protectoras, y evite que siga la injusticia patriarcal cometiendo, con sus autos y sentencias, un crimen de lesa humanidad contra la infancia y las mujeres víctimas del terrorismo machista.

Muchos de ellos y de ellas, sí son nazis, feministas, evidentemente, no.

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