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Javier Cuervo

Contigo o contagio

Botellón al fin del estado de alarma en el centro de Madrid.

Botellón al fin del estado de alarma en el centro de Madrid.

Hasta un Madrid-Barça que decida la liga tiene más no espectadores que espectadores. Las fiestas de la noche del sábado y del domingo mostraban bastante gente, muy poca, comparada con la que no estaba. Esa minoría siempre ha estado ahí. Desde el principio de la pandemia ha habido quienes contaban los muertos y los descontaban: esto no es para parar el mundo. Antes de pillar covid Boris Johnson, enterado de que los viejos eran el festín del coronavirus, dijo: “habrá personas que morirán un poco antes”. Antes o después todo el mundo se muere. En muchas cabezas funciona el “mientras no muera yo”, en otras se acepta el riesgo de “aunque muera yo”, en las más jóvenes sólo se siente la inmortalidad. También llevamos muchos meses de pandemia y superamos el año de duelo, el tiempo de luto. Ese programa implícito se votó en Madrid.

Recordar que la alarma se acaba y la pandemia sigue está bien, pero nadie puede darse por no avisado y sólo a partir de un diagnóstico de déficit intelectual se puede aceptar que no se entienda. La salida de marcha al grito de “¡Libertad!” es la consecuencia de la campaña autonómica de falsos dilemas que empezó como “socialismo o libertad”, siguió como “fascismo o democracia” y acabó como “pandemia o libertad”. (La siguiente estrategia será “socialismo=pandemia”). El dilema verdadero ha sido “coronavirus o compañía” porque “contagio o contigo” rige la pandemia. No ha habido una ley seca, sino una ley sola.

Los bares venden más sociabilidad que alcohol (por eso destaca tanto el bebedor solitario). Gritar libertad para asaltar los bares y las terrazas por el triunfo de la conversación confunde a los hosteleros, un sector muy castigado y tan confundido por la pandemia que cuando oyen “libertad” y ven “botellón” interpretan que es la revolución, porque las cosas, incluido beber alcohol, hay que hacerlo dentro de la ley y de las instituciones. Los bares en España son una institución y si preguntara por ellos el CIS saldría entre las más respetadas.

No sabemos ser mejores.

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