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Matías Vallés

Caballero Bonald en la vida que te queda

El escritor José Manuel Caballero Bonald.

El escritor José Manuel Caballero Bonald.

La desaparición del oceánico Rafael Sánchez Ferlosio ayudó a recordar que el castellano quedaba reducido a José Manuel Caballero Bonald. Por tanto, el fallecimiento del jerezano le brinda al mundo una nueva lengua muerta. Pueden denominarla «español», pero ambos gigantes se caracterizaron por sus invectivas contra la España que arraiga dicha palabra, en manifestaciones que eran cuidadosamente ocultadas por los medios que solo toleran el independentismo en catalán.

Superlativo en la estirpe de los poetas que han leído a Quevedo y han sido premiados bajo el auspicio de Cervantes, repetía que «eres la vida que te queda». Antes que la rendición facilitada por la edad, entonaba así un poderoso himno contra la nostalgia y contra la tentación de desperdiciar un solo minuto adicional. En la pasión por el tiempo reciente que impregna los obituarios, se ha colocado en primera página la trayectoria del único indignado que compartía la edad provecta del creador del movimiento, Stéphane Hessel. No está claro si Caballero Bonald se apuntaba al 15M o se desapuntaba de su generación, otro octogenario rebelde.

La tentación rupturista del poeta arranca del dominio absoluto de la tradición, porque César Aira recuerda que solo se puede ser vanguardista la primera vez, ya que la segunda significa continuidad. En su vida acostumbrada, Caballero Bonald no participaba de las ilusiones hilarantes, pero se alejaba con más ímpetu de los desilusionados profesionales. El linaje que extingue se caracteriza por el virtuosismo en la utilización del idioma como una herramienta, que debe estar perfectamente afinada y afilada para extraerle los significados más improbables.

El resultado es la producción de textos de una consistencia que hoy espanta incluso a los lectores, con paladares habituados a los purés de la prosa ambiental, más dañina que la música de ascensores. «Escribe bien» es una evidencia de etapas superadas que hoy inspira desconfianza, se convertiría en un déficit de partida para valorar a un candidato. Los experimentos según los cuales un ordenador supera en calidad prosística a un ser humano son superfluos, ante la evolución de los escritores hacia el maquinismo. Los poetas actuales han aprendido a no decir nada en verso, a distancia de quienes como Caballero Bonald podrían extraerle cualquier contenido a los renglones torcidos. Con su muerte decae la relación vertical con el escritor, degradado a ayuda de cámara sin otra misión que garantizar el confort de su clientela.

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