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La mala escritura en Tinder

Imagen de la aplicación móvil de Whatsapp

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Según un estudio realizado por la web de adolescentes Red17.com sobre los hábitos en Internet, el 90 % de los jóvenes no saben redactar correctamente una carta, hasta el punto de que desconocen cuál es la estructura de una carta formal e ignoran cómo escribir las direcciones en el sobre.

No veo ningún drama en que la juventud viva ajena a esa familia bien avenida que conforman el folio, el sobre, el sello y el buzón de correos, ese cuarteto que tanto juego les dio en el pasado a otras generaciones y que ahora parece haberse quedado –como nosotros mismos– demodé. Lo preocupante es que estos jóvenes sean incapaces de expresarse con cierta corrección gramatical en medios actuales (email, redes sociales…), por no hablar de los exámenes o de las solicitudes de trabajo. Su nivel de redacción es a veces tan pobre, que al leerles no entiende uno si están optando a un trabajo, jurando amor eterno u organizando una barbacoa.

Escribir bien importa, y cada vez más, aunque algunos no lo crean. Ahí está el estudio realizado por las universidades de Alicante y Navarra, según el cual lasmujeres penalizan –el doble que los hombres– las faltas de ortografía en Tinder a la hora de aceptar una cita a ciegas. O sea, que con un poco de mala suerte (o más bien de mala ortografía), a los jóvenes varones pueden pitarles fuera de juego incluso antes de saltar al césped.

Estos tiempos tan vertiginosos son contradictorios: hoy está de moda el desaliño gramatical abanderado por el eslogan “Ola ke ase” y mañana te exigen servidumbre a la RAE si quieres comerte un rosco. De nada sirve ya ser guapo, educado y divertido si no sabes sortear el gerundio de posterioridad, los pleonasmos o las comas criminales.

El oficio de ligar, como el de escribir, es duro, y más cuando uno es proclive a las faltas de ortografía. Son malos tiempos para la lírica y, por ende, también para el cortejo.

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