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Matías Vallés

Al azar

Matías Vallés

La invasión de Ceuta

Crisis migratoria en Ceuta

Crisis migratoria en Ceuta

El petimetre de la tertulia madrileña nos ilustra sobre la sutileza léxica de los sucesos de Ceuta, que en su hipersensible escalafón no cabe calificar de «invasión», sino de «crisis humanitaria», véase el precedente de la «guerra humanitaria» de los Balcanes. El lechuguino habla desde el estudio de un edificio blindado, con notables medidas de seguridad y a cientos de kilómetros de la costa. Si viviera en Ceuta, hasta el solidario empedernido se sentiría literalmente invadido.

Invasión rima con rebelión, pero quienes espolvorearon generosos el segundo se muestran ahora reticentes con el primero. Para evitar la palabra elemental que define la irrupción masiva, se recurre a cataplasmas como «avalancha», que enfatizan el ambiente de película de catástrofes y logran el efecto contrario al deseado. Todo dueño de una casa debería preocuparse de que se salte una frontera, que solo es una expresión colectiva de la linde domiciliaria. Si la primera no tiene sentido, tampoco la segunda, y el figurín gomoso perdería su perfume tolerante al ser invadido a domicilio.

Miles de personas burlando una frontera se llama invasión, y las imágenes de Ceuta han desatado la verborrea de los sermoneadores de salón. Lo tienen muy sencillo, la renta per cápita marroquí es de tres mil euros anuales, por treinta mil en España. Solo tienen que sobrevivir con trescientos euros al mes, y dedicar el sobrante de sus ingresos a la redistribución de rentas con Marruecos. Cada uno de ellos doblará la riqueza de nueve ciudadanos del vecino norteafricano. Por desgracia, y atendiendo a una honda tradición local, son mejores con la palabrería que con los números. A propósito, un español que se haya preocupado de viajar a Marruecos pagando habrá comprobado la coexistencia de la pobreza elemental con grandes fortunas. Como siempre, se trata de que las desangradas clases medias españolas resuelvan el problema, mientras los magnates de ambos bandos se abrazan por encima del Estrecho.

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