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Antonio Amorós Sánchez

Sala La Carreta: una deuda cultural

La sala La Carreta se ve abocada a echar el cierre en Elche por falta de ayudas.

La sala La Carreta se ve abocada a echar el cierre en Elche por falta de ayudas. ANTONIO AMORÓS

Desde siempre una de las prioridades de los ayuntamientos democráticos ha sido poder el acento en el desarrollo de las infraestructuras culturales y adecuar las existentes para que los colectivos de nuestra ciudad puedan en libertad desarrollarse y mantener como objetivo la propia producción cultural; donde las asociaciones y entes culturales puedan mirar el futuro con optimismo y esperanza. De manera que la acción política que se ejerce desde la institución municipal debe considerar que la cultura es un elemento social que puede revolucionar las conciencias, cuyo objetivo es el de mejorar las condiciones de vida de las personas. Y esto es lo que La Carreta, con su teatro de marionetas y con una programación estable, en su propia sala, ha venido realizando durante décadas con un resultado altamente positivo para la población infantil y juvenil.

Conozco a Paco Pérez y a Manoli Montalvo, responsables de La Carreta Teatro de Marionetas y de la sala La Carreta desde hace más de treinta años y me gustaría dejar claro desde un principio que nos une una sólida y entrañable amistad. Durante mi etapa como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Elche tuve ocasión de contar con su colaboración para la puesta en marcha de algunas actividades culturales en las que ellos jugaron un papel decisivo y pleno de generosidad.

Los noventa

En los años noventa nuestra ciudad tenía muchas carencias en materia de oferta cultural, y nuestro objetivo principal se situó en la adquisición y reforma del Gran Teatro, para que Elche tuviera por fin un coliseo cultural a la altura de la categoría de nuestra ciudad.

Este objetivo se consiguió, pero aun así teníamos deficiencias en materia de presupuesto y programación y la ciudad carecía, por ejemplo, de una oferta de teatro familiar que pudiera atender las necesidades de las familias ilicitanas. En aquel momento y con la ayuda de Paco y Manoli, quienes ya habían iniciado una valiente carrera profesional en el panorama del teatro de marionetas, decidimos poner en marcha una programación de teatro familiar los domingos por la mañana en el Gran Teatro. Como el exiguo presupuesto de Cultura no permitía la contratación de las compañías tal como hubiera sido nuestro deseo, los gestores de La Carreta se comprometieron a coordinar una programación en la que los artistas trabajaran a taquilla, con el consiguiente riesgo que ello comportaba, pero el acierto de las propuestas y la excelente acogida del público convirtió esta apuesta en un notable éxito que duró varias temporadas.

Rotonda del Parque Municipal

Con la llegada del buen tiempo esta programación de teatro familiar se trasladó a la Rotonda del Parque Municipal, donde se organizó una campaña llamada Vamos todos al Parque que obtuvo una gran acogida, y en la que miembros de La Carreta seguían haciendo labores que iban desde la programación a la colocación o limpieza de las sillas. Nunca cobraron por este trabajo, lo hicieron por amor al teatro, y a un ayuntamiento que se esforzaba en convertir la ciudad en un referente cultural del país. El Ayuntamiento tiene una deuda con La Carreta, no económica, sino moral, de reconocimiento a tanto trabajo realizado por la ciudadanía ilicitana. Pero dicha deuda no se queda ahí, los responsables de La Carreta iniciaron tras la puesta en marcha de la compañía profesional titiritera otro segundo y temerario proyecto empresarial, la apertura de un teatro propio, una sala dedicada exclusivamente al teatro de marionetas, única en la provincia de Alicante, con una programación estable para escolares y público familiar.

Durante los últimos 23 años, han pasado por sus butacas una media de 9.000 escolares al año, así como cientos de familias que han encontrado una oferta cultural a su medida, eso acerca las cifras a 200.000 espectadores, que han disfrutado no solo de buen teatro, sino también de una encomiable labor pedagógica. Ellos actuaban asimismo como una suerte de compañía residente, destinando parte del beneficio de sus actuaciones a financiar la programación de compañías foráneas, convirtiéndose de esta manera en mecenas culturales en beneficio de la ciudad. La sala se encuentra ubicada, en uno de los barrios más populosos y humildes de la ciudad, El Toscar/Carrús, siendo para estos barrios un referente imprescindible de la cultura, una zona que, alejada del centro histórico, carece de otras propuestas culturales estables.

Elche es una ciudad que se aproxima a los 250.000 habitantes, de los cuales unos 45.000 se encuentran en edad escolar. Esta franja de población cuenta con una estupenda oferta en materia de teatro infantil, apoyada en dos maravillosas salas: La Tramoia y La Carreta, ambas muy importantes y perfectamente compatibles. Sin embargo, una de las espinas que tengo clavada en mi gestión al frente de la cultura ilicitana es no haber podido completar el proceso para que La Carreta contara con un convenio de colaboración municipal que la situara en el mismo nivel de protección y apoyo con que cuenta La Tramoia.

El cierre de la sala La Carreta

El anuncio por parte de los responsables de que La Carreta puede cerrar ahora sus puertas por falta de apoyo municipal es una pésima noticia para el tejido cultural de la ciudad, para los centros escolares que pierden una importante oferta didáctica, para las familias con niños que acudían regularmente, para un barrio humilde que no quiere que su único teatro se convierta en un restaurante o en un todo a cien.

La pandemia, con la consiguiente reducción de aforos y las restricciones de la salida de los centros escolares, han puesto a esta sala al borde del cierre. El Ayuntamiento debe considerar la situación crítica en la que se encuentra la sala y con ello un proyecto trascendental para miles y miles de niños en edad escolar. No hay inversión más urgente, y a corto plazo más rentable, que aquella que se haga en el ámbito cultural y educativo. Pasar de largo ante esta situación de emergencia cultural es hacer dejación de los principios básicos de protección de las políticas culturales del municipio, y por tanto de la ciudadanía. Es hora de que se repare esta vieja deuda cultural con La Carreta, nuestra ciudad no puede dar pasos atrás en esta materia, sino que debe apostar por hacer de la cultura uno de los ejes de su política para mejorar la calidad de vida de todos, porque solo una población formada y culta desde la infancia estará en disposición de construir un futuro de progreso, dignidad e ilusión colectiva.

La Carreta necesita respaldo económico, su excelente gestión está más que demostrada, así como los beneficios que la ciudadanía obtiene de esta propuesta singular, uno de los dos teatros de marionetas que existen en la Comunidad Valenciana y el único en la provincia de Alicante, solo hay que encontrar un formalismo legal que lo ampare, tal como sucede en otras ciudades.

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