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Vicente Magro Servet

La importancia de la donación de órganos

España vuelve a batir el récord mundial en donación de órganos

España vuelve a batir el récord mundial en donación de órganos

Parece que con la pandemia del coronavirus se nos ha olvidado que otras enfermedades, o problemas médicos que tenían los ciudadanos antes del 15 de marzo, siguen existiendo, y que el virus no ha borrado de la faz de la tierra los padecimientos y sufrimientos que, desde esa fecha hasta la actualidad, siguen teniendo quienes se enfrentan a enfermedades que están ahí. Nos hemos esforzado en hacer frente a un virus maligno y destructivo desde el punto de vista social, económico y de la salud, pero las necesidades médicas de muchos pacientes permanecen. Sobre todo, en temas de urgencia como es la donación de sangre, o la donación de órganos para salvar vidas.

                        Por ello, la noticia que salía a la luz esta semana de que más de 1.000 donantes de órganos en el Hospital General de Alicante salvan la vida de 2.300 personas debe recibirse con optimismo, ante la sensibilidad de muchas personas y la asunción del criterio de conciencia colectiva de que solo con la solidaridad ciudadana se puede hacer frente a muchos problemas que sufre hoy la humanidad. Una solidaridad que, en parte, también se ha visto durante la pandemia ante la reflexión que se abrió cuando surgió este virus y se vieron reacciones de ayuda a quien lo necesitaba. Porque este virus se ha llevado todo lo que ha podido por delante. Vidas humanas, negocios, puestos de trabajo problemas psicológicos latentes ante las dudas de cómo afrontar el futuro, y, también, graves secuelas que siguen padeciendo muchos de los que han sufrido el virus.

                        Así las cosas, la donación de sangre y de órganos se nos presenta como uno de los actos voluntarios de cesión humana más importantes que evidencia que la solidaridad para con las necesidades de los demás, sobre todo las relacionadas con la salud, constituye uno de los actos más importantes de cesión personal que podamos tener. Y tan solo porque tengamos que llegar a pensar que en alguna ocasión seamos nosotros los que necesitemos de esa ayuda de sangre, o de órganos, cuando podamos ser los que necesitemos un trasplante, y alguien generoso en vida haya donado sus órganos por si algún día los pueda necesitar otra persona.

                        La donación de sangre es más sencilla, porque supone cesión de la misma sin que suponga un esfuerzo grave adicional. Pero hay que “caer en el detalle”, te tiene que salir desplazarte al centro sanitario a que te la saquen. Y en muchas ocasiones para esos esfuerzos de “solidaridad” no “tenemos tiempo”, porque nos falta para todo y muchas veces para cosas que son para ayudar a los demás. Cuando es algo para nosotros sí parece que disponemos de ese tiempo que cuando se trata de ayudar a los demás parece que no disponemos de él.

                        Pues lo mismo pasa con la donación de órganos, aunque con un escenario diferente al de la donación de sangre, ya que se formaliza la donación para cuando faltes y no te hagan falta los mismos. Pero si no hubiera sido por esa aplastante “generosidad” de muchas personas muchas vidas no se hubieran salvado, o algunas personas seguirían esperando esa llamada de teléfono que les confirmara que en esa lista de espera que existe ya hay un órgano para él.

                        Hoy en día existe una correcta normativa legal que ha ido adaptándose a los tiempos que evita que existan lagunas jurídicas en un tema que inicialmente es médico por quien ejecuta la actividad, pero que, también, es jurídico por toda la temática de autorizaciones judiciales que se exigen en algún caso, y muchas circunstancias que existen para llevar a cabo la misma, como ocurre en los casos de accidentes con pérdida de vidas y posibilidad de recuperar algún órgano. Incluso existe la opción de que la extracción debe realizarse de un órgano, o parte de él, cuya obtención sea compatible con la vida y cuya función pueda ser compensada por el organismo del donante de forma adecuada y suficientemente segura. Pero todo esto lo debe saber la ciudadanía que es solidaria con este tipo de situaciones, y con la que no lo es, todavía, pero porque no conoce con exactitud el procedimiento y los requisitos para llevarlo a cabo. Por eso, si tiene importancia la cesión voluntaria por escrito de órganos para cuando una persona fallezca, igual lo tiene la donación de órganos en vida respecto a una persona sana a la que se va a someter a una intervención que no tiene beneficios terapéuticos para sí misma, sino para un tercero.

                        Por todo ello, si hay un acto más representativo de la solidaridad humana es en materia sanitaria para ayudar a quien lo necesita. Y, para crear esa cadena humana, aunque solo sea para que otros lo hagan para cuando a nosotros nos haga falta también.

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