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Antonio Balibrea

Marruecos y la “leal” oposición a Sánchez

Saharauis por la Paz pide al Papa que ayude a relanzar el proceso de paz en el Sáhara Occidental

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En octubre del 2020 una resolución aprobada por el Consejo de Seguridad y presentada por los Estados Unidos de América (resolución 2548 de 2020), decide prorrogar el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2021 y. pone de relieve la necesidad de lograr una solución política realista, fiable y duradera para la cuestión del Sahara Occidental basada en la avenencia y la importancia de adoptar el enfoque estratégico de la MINURSO; expresa su apoyo a los esfuerzos que está realizando el Secretario General para mantener el proceso renovado de negociaciones a fin de alcanzar una solución para la cuestión del Sahara Occidental. Respalda la intención del ex enviado personal de invitar a Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania a que vuelvan a celebrar reuniones con el mismo formato y exhorta a las partes a que reanuden las negociaciones. A las pocas semanas el ex presidente Donald Trump, contradiciendo su propia propuesta, reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio del reconocimiento del Estado de Israel por la monarquía alauita. Era el estilo de Trump de dinamitar el trabajo de muchos años.

Conviene subrayar varias cosas para que se comprenda mejor la situación: MINURSO, significa Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental. La resolución del Consejo de Seguridad renovando la misión de la MINURSO se hace a propuesta de los Estados Unidos. La Unión Africana en 2018 se suma a la estrategia del Consejo de Seguridad renunciando a la suya propia, que había supuesto el reconocimiento del Frente Polisario. La estrategia de la ONU dirigida por el expresidente alemán Horst Köhler, enviado personal del secretario general de la ONU, había conseguido la celebración de dos mesas redondas en diciembre de 2018 en Ginebra y el marzo del 2019 en la que participaron Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania. Marruecos que hasta esas fechas no ve reconocido su papel en el control de la inmigración irregular, es apoyado financieramente, como lo había sido Turquía, por la Unión gracias a los acuerdos de Pedro Sánchez con la canciller alemana Merkel.

El último informe del Secretario General de septiembre de 2020 rinde homenaje al trabajo del expresidente alemán y la misma resolución del Consejo de Seguridad avala la continuidad de las negociaciones y pide "que intensifiquen su implicación en el proceso político y avance hacia una solución política”. Cuando el presidente norteamericano Donald Trump, dos meses después, reconoce la soberanía marroquí del Sahara, la paranoia política sobrevenida dinamita sus propias propuestas aprobadas por el Consejo de Seguridad y respaldada por la Unión Africana y los países europeos. Tanto la Estrategia de Seguridad Española de 2017 como las directivas de Defensa subrayan la atención prioritaria a las relaciones con Marruecos. Así ha sido, porque a pesar de lo que diga la “leal” oposición del PP al gobierno de su Majestad, Sánchez no realizó la primera visita de Estado a Rabat, entre otras cosas porque el rey Mohamed llevaba meses residiendo en su castillo de Francia, tras una intervención quirúrgica a la que fue sometido, y también disfrutando de la capital gala con, entre otros, el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman.

Mohamed VI ha visto en el oportunista reconocimiento norteamericano una ocasión para anexionarse de hecho el Sáhara Occidental y las aguas territoriales correspondientes, incluso más allá, intentando ocupar aguas pertenecientes a las Canarias y a España. Ha intentado forzar el reconocimiento de España, y que abandone la estrategia seguida por el Consejo de Seguridad y la ONU. Marruecos ha puesto en valor las reservas de “tierras raras” que al parecer se han descubierto en el Sáhara, así como el potencial que tiene para la producción de energía fotovoltaica, y lanzar el nuevo puerto marítimo de Tánger Med, principal competidor de Algeciras en el Estrecho.

La reacción del Parlamento Europeo deja claro que la postura de Europa, si no pudo cambiarla Donald Trump, mucho menos lo puede hacer Marruecos. Respalda al gobierno de España -a pesar del intento del PP de criticarlo en la resolución- y rechaza “la utilización por Marruecos de menores, como medio de ejercer presión política”. España y Europa han apoyado a Marruecos como socio comercial; con las ayudas para frenar la inmigración irregular en los países de origen; y no apoyando las revueltas importantes en la región del Rif, contra el gobierno de Mohamed VI. Una de las mayores fortunas, sino la mayor, del Magreb.

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