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José A. García del Castillo

LA PLUMA Y EL DIVÁN

José A. García del Castillo

Equiparaciones interesadas

Dieciocho centavos menos por dolar: la brecha salarial por género en EE.UU.

Dieciocho centavos menos por dolar: la brecha salarial por género en EE.UU.

La búsqueda de estándares se ha convertido en una de las metas más perseguidas de los países desarrollados. Acabar con las desigualdades es un buen motivo para aunar las fuerzas colectivamente, protegiendo y promocionando los derechos humanos.

Hoy en día son muy pocos los que nadan contracorriente. Prácticamente todos estamos de acuerdo en que hay que invertir en el futuro de una forma racional y adaptada a las necesidades de toda la población, sin excepciones.

Contamos con un amplio consenso en la necesidad de invertir en planes de cooperación y desarrollo que pueden beneficiar a cientos de miles de ciudadanos de todo el mundo, así como generar sistemas fiscales que sean cada vez más justos y equitativos con la mayoría.

Otros frentes sociales abiertos son, sin duda, la brecha salarial y las desigualdades de género, que en la actualidad siguen siendo objeto de estudio, reduciéndose mucho más lentamente de que deseamos.

Ante este panorama tan consistente y claro, nos encontramos con iniciativas que sorprenden por entenderlas como equiparaciones interesadas que son, como poco, desproporcionadas.

Nuestro gobierno plantea una subida en los carburantes amparándose en que es necesario equipararse con los precios de los demás países europeos. Esto sería razonable siempre y cuando otras cuestiones de profundo calado económico y social también estuvieran en esa misma condición.

Llevamos muchos años con precios muy altos en la electricidad y ninguno de los gobiernos ha sido capaz de poner fin a este problema. Las nuevas tarifas aprobadas son una prueba más de equiparación interesada.

La consideración más importante en cuanto a las equiparaciones estaría, sin duda, en los sueldos medios. En comparación con muchos países europeos, estamos significativamente muy por debajo de lo deseable. El salario es lo que marca el coste real de las cosas. Por ejemplo, la electricidad puede estar un poco más cara en Alemania, pero allí el salario medio duplica al español y las tasas e impuestos que se les aplican a las tarifas eléctricas son más bajos, en consecuencia, el ciudadano alemán paga menos por su factura de la luz.

Desgraciadamente las equiparaciones tienden a ser siempre interesadas para la recaudación de más impuestos. Sería impresionante que nuestro gobierno mirara hacia los países que pueden beneficiar nuestras débiles economías domésticas, como Alemania que además de doblar el sueldo medio tienen un IVA inferior.

Lo peor del asunto es que si finalmente se lleva a cabo el aumento de precio de los combustibles, la repercusión es automática para una gran cantidad de bienes y servicios, como la alimentación, los viajes, la vivienda y un etcétera demasiado largo y angustioso.

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