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Antonio Sempere

Desde Rusia con amor

Raphael

Raphael

De vez en cuando se emiten en Imprescindibles documentales que desbordan con creces el objetivo del contenedor: plasmar la hagiografía del biografiado. Sucedió con Eugenio y volvió a suceder con Desde Rusia con amor, una crónica original e impecable sobre las giras de Raphael en la extinta URSS.

Ambos trabajos tienen una autoría común. Están codirigidos por Jordi Rovira y Xavier Baig y guionizados por Óscar Moreno. Tanto Eugenio como Desde Rusia con amor son muestras del mejor cine documental actual, que sin salirse ni un milímetro de los parámetros de la no ficción, cuentan con todos los ingredientes para atrapar al espectador.

Primero, porque modulan una narración en la que no deja de haber giros, sorpresas. Y segundo, porque los personajes que participan, los protagonistas de las historias, aunque se limiten a hablar ante la cámara, van deslizando una serie de informaciones que van tejiendo una historia que el espectador construye y de la que saldrían, si se hicieran bien, unas ficciones potentísimas. Cuidado, que tanto en Eugenio como en Desde Rusia con amor hay germen dramático suficiente para que las grandes productoras estadounidenses adaptaran dos películas de esas que van directas a sus cada vez más alicaídos Óscars.

Imprescindibles acaba la temporada dejando un rastro de trabajos desiguales en los que nada, ni en factura ni en concepción, tienen que ver unos con otros. Ejemplos de los más flojos, por si los tiquismiquis quieren curiosear, son los de Gustavo Adolfo Bécquer, Víctor Manuel o el maestro Padilla. En cambio, sobresalen los dedicados a Manu Leguineche, Ana Belén o Berlanga. Pero Eugenio y Desde Rusia con amor juegan en otra liga. La del mejor cine documental no experimental hecho hoy.

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