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Luis M. Alonso

Relinchos

Tico Medina.

Tico Medina.

Murió Tico Medina, el hombre que alimentó vocaciones periodísticas mientras susurraba a los caballos. Formó junto con Felipe Navarro, Yale, la dupla histórica surgida de “Pueblo”, aquel diario vespertino agitado y bien revuelto de la última etapa del franquismo. Medina se hizo famoso por saber escuchar y utilizar como es debido la ironía amable. Destacó en la prensa, la radio y la televisión, algo que no parece a simple vista fácil.

Saber escuchar siempre ha sido imprescindible para quienes se disponen a contar la historia de los demás y ello va indisolublemente unido a preguntar. A poder preguntar, habría que añadir en los tiempos que corren. Y, de paso, preguntarse por qué pasan las cosas que pasan. Una de ellas influye dañinamente en las conductas más lamentables y consiste en vaciar de significado a las palabras por medio del flujo irresponsable de la ola disléxica.

Entre las expresiones más perturbadoras se encuentra el término “fascista” que, como escribió ya en 1944 Benedetto Croce, corre el riesgo de convertirse en un dicho simple y ultrajante, que vale para todos los casos, si no se determina y no se mantiene firme su propio significado histórico y lógico. Quienes lo emplean coloquial y gratuitamente para agredir a quienes no merecen ser calificados como tal desconocen realmente lo que es ser un fascista o la amenaza verdadera del fascismo. Es, en cierto modo, el caso de los grupos de extrema izquierda que han utilizado el brutal asesinato del joven gallego Samuel Luiz para exhibir pancartas, “Ayuso, fascista, estás en nuestra lista”, contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, única y exclusivamente por inquina política. Precisamente son ese tipo de expresiones de odio injustificadas y desproporcionadas las que permiten perfilar con mayor perspectiva al “antifascista fascista” del momento, sin que yo pretenda contribuir con ello a desnudar de contenido las palabras. A algunos caballos, Tico, ya no es suficiente con susurrarles; están desbocados y no dejan de relinchar.

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