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Joan Antoni Oltra Soler

Opinions des d’Elx

Joan Antoni Oltra Soler

Qué poco interés en la nueva Ley del Palmeral

Escarmonda de palmeras en Elche.

Escarmonda de palmeras en Elche. Antonio Amorós

Al final se han confirmado los peores presagios: la aprobación de la nueva ley se ha quedado para otra ocasión. Ahora dicen que para septiembre, como pasaba con los suspensos.

Hace más de cuatro años que el conseller Marzà anunció una nueva Ley del Palmeral que sustituyera a la vigente desde 1986. Y se anunció lo que la nueva norma iba a suponer. A la alegría de poder cambiar la desfasada, se unió la preocupación por las contradicciones que algunos planteamientos de la nueva podían suponer ya que dejaba, a pesar de los anuncios grandilocuentes en contrario, demasiadas opciones a transformaciones y actuaciones urbanísticas en huertos que, recordemos, son Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000.

La denuncia de personas y colectivos conservacionistas, especialmente Volem Palmerar, consiguió introducir algunas mejoras importantes en su redacción final. Aunque también es cierto que siguen apareciendo cuestiones que podrían permitir interpretaciones preocupantes en un futuro y que podrían hipotecar la mejora del palmeral. Se suponía que en el debate en comisión y después en el pleno se podría mejorar el texto.

Lo sorprendente es que habiendo finalizado las comparecencias ciudadanas en marzo y que, a principios de mayo, los grupos presentaran sus enmiendas, Les Corts Valencianes no hayan tenido tiempo para llevarlas a comisión, trámite que se sustancia en una tarde, y después, a pleno. Tiempo ha habido para ello y lo que ha faltado es voluntad. Ni Les Corts la han tenido ni parece que el Ayuntamiento haya metido prisa para ello. La realidad final muestra una preocupante falta de interés en disponer cuanto antes de la nueva ley.

Seguiremos con la desfasada Ley de 1986 que, lógicamente, no contempla que el Palmeral es Patrimonio de la Humanidad. Aunque tampoco el PGOU de 1998 se ha modificado para aumentar su protección. Parece que la UNESCO no hubiera hecho nada. Ni Ayuntamiento ni Generalitat han movido un dedo para reforzar la protección y mejora de un bien así declarado. Ser Patrimonio de la Humanidad se utiliza como publicidad, pero no a la hora de adaptar el planeamiento urbanístico aprobado con anterioridad y así aparecen situaciones muy contradictorias, que podrían llamar la atención hasta de la propia Unesco si se ejecutaran.

La no aprobación de la nueva ley es injustificable. Se podía y debía haber hecho. Cuatro años para ello parece un plazo más que razonable si hubiera habido voluntad, que parece que es lo que ha faltado desde el primer día.

Y no es la única promesa sobre el palmeral incumplida. En aquella visita del conseller Marzà, acompañado de varios cargos de PSOE y Compromís, de hace cuatro años, se fue al Hort del Gat y prometió, tras comprobar su lamentable estado, una inversión de un millón de euros para rehabilitar el edificio y empezar a recuperar el huerto histórico, hoy abandonado y refugio de indigentes. A los años de desidia de entonces hay que sumarle, ahora, los más de 4 años transcurridos sin hacer nada. Tienen la licencia y ni así. Y es que prometer es tan fácil y bonito…

Y, por si faltara algo en el tema del palmeral, se supone que este mes se rescindirá, por fin, el contrato que hizo el Ayuntamiento con el Instituto Tecnológico de la Palmera. Otro fiasco de categoría. Y sin que nadie asuma responsabilidades. Se adjudicó hace cuatro años e iba a transformarnos en un referente mundial en palmeras «in vitro» que se exportarían y todo. Ni se hicieron palmeras para exportar y ni siquiera para plantar aquí. Todo un misterio. Y, en vez de denunciar el contrato, se le han dado plazos y más plazos para acabar en nada y tener que reconocer, ahora, que sí habrá que rescindirlo. El problema es que se han perdido cuatro años en la búsqueda de mejoras para el palmeral. Peor casi imposible.

Esperemos que cambie pronto la suerte para el palmeral. Que las promesas que se le hacen se transformen alguna vez en realidades. Ya toca.

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