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Daniel McEvoy

Esperando a Godot

Daniel McEvoy

Dante y la langosta

Mercado provisional de Elche, que el equipo de gobierno pretende consolidar en el cauce.

Mercado provisional de Elche, que el equipo de gobierno pretende consolidar en el cauce. ANTONIO AMORÓS

Tras mi fallida incursión en la narrativa, aunque quizás en próximas entregas me anime a continuar con el relato de la semana pasada, en esta ocasión voy a intentar poner en orden mis pensamientos y volver por mis fueros; y qué mejor manera de hacerlo que comentándoles un relato corto del autor que me inspiró el título de esta sección: Dante y la langosta, del irrepetible y genial escritor irlandés Samuel Beckett.

Dante y la langosta (Dante and the lobster) forma parte de una serie de relatos cortos incardinados en una publicación de 1934, bajo el título genérico de More Pricks Than Kicks, traducido al español, no sé si con mucho acierto, como Sueño con mujeres que ni fu ni fa, y se le reconoce como uno de los mejores del autor. De hecho, con esta historia y el resto que componen la serie, Beckett retuerce los límites de la narrativa corta hasta el paroxismo, con un estilo directo, similar al que utilizaba su maestro, James Joyce, en Dublineses.

Dante y la langosta se desarrolla en Dublín, donde su protagonista, Belacqua Shua, es un erudito estudiante de italiano que posee una visión del mundo completamente misantrópica. El nombre de Belacqua no está elegido al azar. Beckett lo tomó prestado de uno de los personajes secundarios de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, concretamente del Canto IV, en el que aparece un personaje con ese nombre que representa la indolencia y la pereza, pero que, gracias a su ingenio, logra zafarse del infierno.

Del mismo modo que Murphy, el primer héroe de las novelas de Beckett, Belacqua muestra una evidente dicotomía entre su aspecto físico y su ascendencia intelectual, hecho que se refleja de una forma diáfana en su lenguaje. En un principio, parece que el argumento se centre en los rigurosos estudios del protagonista, pero, una vez que desconecta su mente, su parte física empieza a tomar control de su ser y, tras una serie de vicisitudes que no les voy a revelar (para que puedan leer el relato sin que mis impresiones sobre éste les condicionen), la historia termina con una reflexión cuasi metafísica sobre la cocción de una langosta viva: «Bueno, pensó Belacqua, es una muerte rápida; que dios nos ayude a todos. No lo es».

Quizás Beckett sea un autor para gente rara, como yo, pero si se toman la molestia de leer algunos de sus relatos cortos, como el que les propongo, descubrirán toda una panoplia de ideas, más allá del aparente absurdo de sus textos. Qué es el mundo, al fin y a la postre, sino una concatenación de absurdos, de dislates, de hipérbatos, cuyo máximo exponente, quizás, sea el mundo de la política patria y local.

Cómo si no comprender algunas de las cosas que están pasando. Por ejemplo, que sustituyan a la portavoz del Gobierno, cosa que entiendo perfectamente porque su forma de vapulear la sintaxis del idioma español era directamente proporcional a la inteligibilidad de su discurso, hecho inédito para un portavoz, por otra cuya sintaxis parece impecable, pero cuyo cinismo sólo se ve superado por quien la ha designado para el cargo.

Porque, coincidirán ustedes conmigo que a la pregunta de si Cuba es una democracia, la única respuesta posible es un no rotundo. En caso contrario, alguien podría decir que la «democracia orgánica» que pregonaba el franquismo tampoco era una dictadura. El problema es que algunos estamos en contra de cualquier dictadura, ya sea comunista, teocrática, militar o de cualquier índole, mientras que los que ahora nos gobiernan desentierran dictadores muertos, mientras alaban a dictadores vivos.

Mutatis mutandis, en Elche, además de dictadores buenos y dictadores malos, también hay infracciones urbanísticas buenas y malas. De hecho, la bondad de una actuación depende del partido que gobierne en cada momento. Si gobierna la derecha, el mercado provisional es un delito ecológico grave, susceptible, y así se hizo, de ser denunciado ante la Fiscalía. Si gobiernan PSOE y Compromís, no sólo ya no lo es, sino que al edificio se le quita la calificación de provisional, elevándolo a definitivo, se hace una modificación puntual del PGOU y, por arte de birlibirloque, pasa a ser un edificio emblemático, casi como la basílica y el Palacio de Altamira.

En fin, viendo que la realidad supera a la ficción, puede ser que retome la novela cuyo primer capítulo les adelantaba la semana pasada. Si consigo darle un giro a la historia, quizás el protagonista encuentre el modo de sortear la situación y acabe encontrando el modo de consumar su encendida pasión por la chica del piano bar, con el consentimiento de la autoridad competente, o sin él.

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