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Vicente Magro Servet

El virus no es el único culpable

Un hombre con mascarilla en una playa

Un hombre con mascarilla en una playa

Quién nos lo iba a decir en el verano pasado, hace ahora un año, que doce meses después íbamos a estar igual o peor con la pandemia. Y se nos está haciendo tan largo que ya no sabemos ni poner fechas para hacer planes. ¿Quién lo puede asegurar con lo que está ocurriendo? Lo confiábamos todo al proceso de vacunación con lo que se esperaba ir cerrando esta pesadilla. Pero no se contaba con dos factores. El primero, la irrupción de la mutación del virus en el actual Delta, que es el que está creando lo que ahora estamos sufriendo y que se transmite con mucha rapidez, aunque algunos quieran mirar hacia otro lado pensando que “esto no van con ellos”. Y, por otro, la insistencia en muchas personas incumplidoras hasta lo increíble en ayudar al virus para que siga circulando contagio tras contagio y en una progresión aritmética que los expertos en cálculo en esta materia ya saben a dónde nos llevará esta situación.

Y conste, además, que esta situación que vivimos no es por causa solo de algunos jóvenes que están incumpliendo las reglas básicas, poniendo en serio peligro el futuro del país y el de ellos mismos, porque, también, son muchos los adultos que, con mayor reproche por su presunto conocimiento de lo que deben hacer y no, siguen sin utilizar la mascarilla y que salen a la calle desafiantes y sin ella a sabiendas y con absoluta conciencia del peligro que existe. Y es que solo basta pasear por la calle para darnos cuenta de la cantidad de personas con las que te cruzas que no llevan mascarilla, y lo hacen a menos de metro y medio sin hacer gesto alguno de ponérsela. O porque ni tan siquiera la llevan, o porque ni tan siquiera se preocupan de que se van a cruzar con alguien. Porque resulta obvio que quienes no la llevan van a estar constantemente cruzándose con personas, existiendo un alto riesgo de contagio en segundos con la nueva cepa delta. Y el porcentaje de quien así actúa es elevadísimo. Solo hace falta salir a la calle y verlo con absoluto asombro. Nadie diría que la cifra de contagios es la que es. Muchas personas ni se preocupan de ello.

Es la situación que hay. De un incumplimiento constante y reiterado y de una permanente obstinación a cumplir las recomendaciones que se cursan por las autoridades. El virus hace su trabajo y trabaja de eso. De lo que hacen los virus. Contagiar. Pero si se estuviera en el seno de una sociedad con personas responsables, solidarias, respetuosas y con ganas de sacrificarse en aras a interés general y colectivo esta situación que estamos viviendo no hubiera ocurrido. En modo alguno.

El virus se retroalimenta de este escenario. Con “ayudantes” insolidarios y que buscan su interés personal, así como su punto de vista acerca de si les molesta ir con la mascarilla, o que hay que divertirse como sea, olvidando que las noticias alertan constantemente de lo que está ocurriendo. Hace unos días, una persona reconocía en un programa que hacía un año que no escuchaba las noticias, y por ahí pueden entenderse algunas reacciones. Es decir, de absoluta abstención de querer saber o conocer lo que no se puede hacer, y de apostar solo por su posición personal para acudir a eventos sociales y públicos, porque “hay que recuperar la normalidad ya”, sin caer en que las cifras nos dicen todo lo contrario. Y que para ello las autoridades están alertando y dictando normas para evitar que esto se vuelva a disparar de forma irremediable.

Por todo ello, se dice que no podemos confiarlo todo a la vacuna, porque, por un lado, el porcentaje de “no vacunados” con pauta completa es muy elevado todavía. Y, luego, se dice que este nuevo virus sigue contagiando a los vacunados. Y les haga más o menos daño pueden contagiar a otros. Vamos, de ciencia ficción, pero de terror.

Lo que nos va a salvar es el cambio de mentalidad de quienes quieren forzar la normalidad sea como sea, porque ya es hora. Pero sin darse cuenta de que estamos en cifras de riesgo extremo … y en verano, con lo que llegado el invierno sería de auténtico drama. El calor no le hace efecto disuasorio al virus, sino que sigue actuando mientras algunos le ayuden a hacerlo.

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