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Lorena Gil López

Un sueño cumplido, ¿y ahora qué?

Santiago Román con la vara de mando.

Santiago Román con la vara de mando.

Conocí a Santi Román cuando yo era lo que en el periódico se llamaban "corresponsales", un término del todo incorrecto porque estaba a 10 kilómetros de mi casa pero que servía a los jefes para designar a quien se encargaba de las noticias de cada municipio. Entonces estaba el PSOE en el Gobierno local, con Edmundo Seva de alcalde, y Paco Burillo lideraba la oposición en el PP. Lo bueno que tienen los municipios frente a las grandes ciudades, como Alicante, Elche o Torrevieja (por no citar a muchos más), es que tienes los teléfonos de los concejales, tanto del equipo de gobierno como de la oposición, no has de pasar por los asesores de turno que te entorpecen más que ayudan para conseguir declaraciones sobre el tema que vas a publicar. Y entre los ediles que se sentaba en la bancada del PP estaba Santi -al que a los que no le conocen les da ahora que es alcalde por llamar Santiago-, y grabé su móvil en mi agenda con el nombre "Santi PP", para diferenciarlo de Santiago -ese sí con el nombre completo- Escudero, concejal de Sanidad del PSOE.

Con las elecciones municipales de 2011 comenzó el PP a saltar por los aires y aquella guerra entre campistas y zaplanistas -qué lejos y qué cerca queda- también se trasladó a Sant Joan, donde la cúpula autonómica campista decidió colocar de cabeza de cartel a Manuel Aracil, muy conocido en el pueblo y más en la extinta Canal 9, donde ocupaba el cargo de delegado provincial, pero del que no se sabía qué había hecho por la provincia en la televisión autonómica. Aracil ganó las elecciones y, en un sorprendente giro de guion para todos, designó a Román, zaplanista de pro, portavoz del equipo de gobierno y le puso al frente de Urbanismo, una forma de tenerle contento, y controlado, al tiempo que él hacía y deshacía a su antojo en el grupo popular. 

Pero cuatro años de legislatura con Aracil son como veinte de Florentino Pérez en el Madrid, y el rodillo autoritario fue dejando cadáveres políticos por el camino, hasta que Román, viendo las orejas al lobo y antes de que le defenestraran, decidió abandonar su partido de toda la vida y lanzarse a una nueva aventura al frente de una formación, Decido, que ya ni siquiera sé si existe. Y el superviviente logró dos escaños. Y, no solo eso, sino que su voto fue definitivo para aupar a Jaime Albero a la Alcaldía, con los apoyos de formaciones de izquierdas y formando un cuatripartito, en unas largas, tensas y agotadoras conversaciones que acabaron con Aracil en la bancada de la oposición. La venganza de Román.

Y cuatro años después, en los comicios de 2019, en otra pirueta, se coloca de cabeza de lista de Ciudadanos, partido en ese momento en plena apoteosis y que vivía su mejor momento político. Y ahí estaba otra vez Román, teniendo la llave de la alcaldía y deshojando la margarita: PSOE y Albero, PP y Aracil, PSOE y Albero, PP y Aracil,... Mientras se acercaba el pleno de investidura, Román negociaba con uno y otro partido, sabedor de que el poder lo tenía él. Y se salió con la suya, logró convencer al PSOE para repartirse la Alcaldía de Sant Joan, dos años Albero y dos años él, y encima se deja los dos últimos años para él, cuando más visible será su programa. Patada a Aracil. PSOE sometido. Jugada maestra.   

¿Qué hará dentro de dos años? ¿Volverá al partido que le defenestró para ser el líder y cabeza de cartel? ¿O preferirá no traicionar el partido que, al fin y al cabo, le ha permitido cumplir su sueño? Por si acaso, le voy a seguir guardando en la agenda como "Santi PP".

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