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El botellón de los imberbes

Imagen de archivo de un botellón desalojado en Alicante

Imagen de archivo de un botellón desalojado en Alicante

Estoy viendo, desde hace bastantes días en Urbanova, pandillas de jóvenes cargados de bolsas de bebida, sin especificar si son o no alcohólicas, dirigirse a la zona de playa conocida como “playa nudista”, amparados por la oscuridad de la noche. Sus edades no suelen ser superiores a dieciséis o diecisiete años, salvo excepciones.

Urbanova es un paraíso policial. La policía local aparece a las diez de la mañana tomando posesión de su oficina. Salen con sus motos, que por lo visto no tienen obligatoriedad de llevar casco, a dar un paseo por la playa para decir a los bañistas que dejen el pasillo libre de arena frente al mar. Creo que lo hacen dos o tres veces al día. Al atardecer se van hasta el día siguiente. La policía nacional suele aparecer una o, como máximo, dos veces al día; dan una vuelta por la calle, siempre sin bajarse del vehículo, y regresan a Alicante. Por eso digo que, los agentes que prestan servicio aquí es como un premio a su trabajo, pienso yo.

Aclarado este punto, los jóvenes hacen y deshacen sin ninguna alteración visible del orden público exceptuando lo del botellón. Cuando terminan de esta reunión donde no llevan mascarilla, según dicen no es obligatoria, pero se saltan la distancia de seguridad, que sí es obligatoria, se van a sus casas, saludarán a sus familiares, se acostarán, dormirán. A la noche siguiente, otra y otra vez. En estas reuniones el virus, si alguno está contagiado, va a ponerse las botas y, a la vez, va a ser transportado a los familiares de estos jóvenes pudiendo ser contagiados por la irresponsabilidad de estos imberbes, con el mejor sentido de la palabra.

Si de vez en cuando, la autoridad competente se dejase caer por la noche por este paraíso de todos, otro gallo cantaría.

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