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Manuel Valencia

El gas de Argelia y Marruecos

José Manuel Albares.

José Manuel Albares.

El nuevo Ministro de Asuntos Exteriores, Manuel Albares, ha declarado que Marruecos es su prioridad. Buen gesto. Pero en los próximos meses deberá hacer frente no solo a la recomposición de las relaciones políticas tras estos meses agitados, sino también a otra cuestión que se apunta en el horizonte, íntimamente ligada a las anteriores y a la que me referí de pasada en otra colaboración reciente sobre Marruecos en este diario: el gas de Argelia.

Efectivamente, aproximadamente en octubre, el Tribunal de Justicia de la UE deberá dictar sentencia sobre si el Acuerdo de Asociación de la UE con Marruecos se extiende o no al territorio del Sahara Occidental (ex Sahara español) o “Marruecos Sur” como lo denomina el gobierno marroquí. Se trata de un pleito de hace más de dos años incoado por el Frente Polisario. El asunto de fondo, enquistado desde 1975, volvió a la palestra cuando en los últimos estertores de la administración Trump, EE. UU. reconoció el derecho de Marruecos sobre esa porción del Sahara a cambio del establecimiento de relaciones con Israel (Acuerdo Abrahams). La administración Biden, con menos entusiasmo, ha hecho suyo ese acuerdo. Así se rompió el statu quo que la ONU y la UE tenían al respecto: “solventar el conflicto con el acuerdo de todas las partes”, lo que, por otra parte, lo hacía paradójicamente insoluble y lo había congelado en el tiempo.

La sentencia del Tribunal de la UE no dejará indiferente a Marruecos y por lo tanto tiene mucha relevancia para España, no solo para poder renovar derechos pesqueros en la rica plataforma continental del Sahara (que negociaría la UE), sino porque además y también en octubre, coincide con la expiración del acuerdo para el gasoducto Argelia España que pasa por Marruecos y que aspira a ser renovado. El gasoducto, inaugurado en 1997, implica que el productor, Argelia, y los consumidores, España y Portugal, establecen un pipe line cruzando el estrecho de Gibraltar que pasaba por territorio marroquí antes de conectarse a la red gasista europea. Su arquitecto fue el entonces presidente de Gas Natural (hoy Naturgy) Pere Durán Farrell y que constituyó un hito de diplomacia económica entre todos los Gobiernos implicados. Esto suponía acuerdos a largo plazo y precios estables para todos, no sujetos a oscilaciones bruscas del mercado.

También, y para completarlo se construyó otro gasoducto directo submarino Argelia España, ya que múltiples tuberías de gas garantizarían el suministro. Por otro lado, España ha hecho inversiones de instalaciones de LNG en sus puertos para regasificar el gas licuado que viene en barco. España y Portugal tienen pues otras vías de conexión al gas. Y deberíamos poder añadir las conexiones intra europeas, vía Francia, pero estas no funcionan porque tras casi 30 años de negociaciones el gobierno francés se doblegó inexplicablemente a presiones ecologistas bastante frágiles en los pirineos franceses que han impedido sacar adelante esta conexión energética estructural de la UE.

Hoy pues, el suministro a España parece garantizado, pero no el precio, pues las exportaciones rusas a Europa no son abundantes dados los problemas con Ucrania y la alta presión compradora de gas de los países asiáticos están empujando el precio al alza. Al final, una eventual cierre del gasoducto Argelia España por causa de Marruecos, implicará que España deberá pagar más caro el gas en el mercado spot encareciendo nuestra recuperación económica y transición ecológica. España importa hoy el 43.4% de su consumo de gas de Argelia; el segundo suministrador es Nigeria con el 18% pero cuyo transporte es por barco. Así el paso del gas por su territorio será otro punto de presión de Marruecos con España.

El Sahara es la causa nacional de Marruecos y utilizará todos los medios posibles en pos de esta causa “sagrada”, congelada en el tiempo desde 1976 y a la que EEUU ha dado alas en el 2021. España es clave en esta negociación, pues fue la potencia administradora del territorio hasta la Marcha Verde que organizó el Rey Hasán II. España y Portugal tendrán gas por otras vías, pero será más caro. Y esta presión compradora afectará también al precio internacional del gas ya de por si bastante elevado por la recuperación, las compras asiáticas y las tensiones con Rusia. Prever esto, negociar conociendo la partitura de los próximos meses, es diplomacia con mayúsculas, esperar a que los acontecimientos se desencadenen e intentar arreglarlo, es diplomacia de parcheo.

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