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Juan Carlos Padilla Estrada

Los felices años 20 quizá no fueron tan felices

Los felices años 20

Los felices años 20

Estamos en los años veinte del siglo XXI, que han comenzado con una pandemia como no recordamos los humanos vivos. Y al mencionar esa década, a todos nos viene a la cabeza aquellos “felices años veinte” que tantas veces hemos visto recreados en películas, con los hombres vestidos a lo Gatsby y las mujeres llevando largas cuentas de perlas y faldas de tabletas. 

¿Estamos viviendo una especie de segunda edición de aquella década?

Hace alrededor de un siglo se vivió también una pandemia –la gripe española- que infectó a unos 500 millones de personas y acabó con la vida de más de 50 millones. Pero además en aquellos tiempos se salía de una terrible guerra, con una factura de muerte entre los jóvenes escalofriante, lo que llevó a la Humanidad a una especie de fiesta continua, alegre y quizá excesiva, que concluyó con la crisis del 29 y la llegada de los regímenes fascistas. 

Sé que las circunstancias no son idénticas, que entonces murieron millones de jóvenes en los campos de batalla y en los precarios hospitales y que ahora solo hemos tenido un confinamiento de unos meses y unas limitaciones de derechos muy leves, pero el modo en que muchos han salido del estado de excepción es una prueba de que quizá estemos cayendo en los mismos errores de entonces, y ya se sabe que olvidar los errores es la mejor manera de repetirlos. 

¿Damos un repaso a lo que supusieron aquellos años?

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial comenzaron a ponerse de moda desafíos absurdos, como descender en bicicleta las escaleras de la Torre Eiffel o hacer carreras de camareros. Una manera de evadirse de la realidad durante unos momentos. ¿No recuerda a los “Challenges” actuales, como tirarse un cubo de agua helada por encima? El motivo entonces, parece ser el mismo de ahora: gozar durante un instante la fama, que algunos equiparan a eternidad.

En aquellos años las mujeres dieron un paso al frente, asumiendo nuevos papeles sociales y una nueva imagen, alejada del corsé para vestir pantalones. Se cortaron el pelo a lo garçon y fumaban y bebían como los muchachos. 

Quizá no hayamos avanzado mucho desde aquello, y estoy pensando en millones de mujeres que aun han de salir a la calle ocultas tras un burka…. ¡un siglo después!

En aquellos tiempos proliferaron medios de evasión de la vida cotidiana, porque aquella generación quería divertirse: en 1927 se estrena la primera película sonora y comienzan a surgir las primeras estrellas de cine, como Rodolfo Valentino o Charlie Chaplin. Surgía la cultura de masas y la civilización del espectáculo. Y eso no ha cambiado desde entonces, muy al contrario. 

Mientras, en nuestra España, las cosas no eran “tan felices”. La sociedad estaba bastante polarizada -¿les suena?- y acababa de suceder el desastre de Annual. España, una vez más, vio pasar de lejos modas y tendencias.

Si mucha gente se quejó durante el confinamiento de no poder bailar, nada es comparable con lo sucedido entonces: El Charleston, baile por antonomasia, generó una locura que se extendió por el mundo al ritmo de contorsiones y conquistó a millones de almas.  

Quizá en aquel tiempo comenzara también el sistema económico que conocemos. Porque es entonces cuando surge el automóvil, los electrodomésticos y el teléfono, y una derivada inevitable: la venta a plazos. Y de ahí los endeudamientos y unos años de bienestar y optimismo, finalizados abruptamente al final de la década por la crisis del 29, quizá el resultado de años de locura, desenfreno y falta de previsión. 

De eso en España entendemos, no en vano nuestras repetitivas crisis contienen varios de estos ingredientes. 

Pero, al ritmo de foxtrot y tangos y mientras se vivía un momento artístico y científico incomparable, en las entrañas de Europa se iba gestando un movimiento que en pocos años iba a arrasarla: Un tal Mussolini se alzaba como líder del partido fascista italiano en 1922 y en Múnich comenzaba su andadura política Adolf Hitler. 

Una vez más, la Humanidad pasó de un dulce sueño a una aterradora pesadilla.

Quizá no esté de más, otra vez, recordar nuestra historia. Aunque en el siglo XXI nuestra vida haya cambiado extraordinariamente con respecto a solo hace cien años, los humanos seguimos presos de nuestros prejuicios y nuestros sesgos y frecuentemente actuamos de manera inadecuada. ¿Quién hubiera pensado entonces que habría otra guerra en el mundo, tras la devastación de la I Guerra Mundial? Pues la hubo, y fue mucho más sangrienta. ¿Quién pudo anticipar una crisis como la del 29 cuando se vivían los días de vino y rosas de los “felices 20”?

Recordemos la historia, sí. No se les ocurra a nuestros hijos imitarnos.  

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