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Juan José Millas

Para volverse loco

Lionel Messi, en su despedida del Barcelona.

Ser Lionel Messi tiene que resultar alucinante. Ser Lionel Messi o Juan Carlos I de España. Todo es alucinante, también ser Ricardo García o Ignacio Rodríguez. Que quede claro, en fin, que no es más extraño ser rey de España que oficial de segunda administrativo. Abundan más los auxiliares de segunda que los reyes de España, pero eso no los hace menos extraordinarios. Lo sé porque en una época de mi vida fui auxiliar administrativo de una gran empresa, lo que me suponía una carga de asombro que combatía con fármacos de todos los colores. Recuerdo haber ido al médico.

- ¿Qué le pasa? -me preguntaba.

-Que soy auxiliar administrativo de segunda en una gran empresa.

- ¿Y lo lleva mal? -insistía el médico.

-Lo llevo con estupor. A días con más estupor, a días con menos. Pero me extraña mucho haber llegado a esto.

El médico, que era muy bondadoso, me recetaba unos ansiolíticos y de este modo iba tirando.

¿Le extrañará a Messi haber llegado a ser Messi? Cuando encienda la radio, vea la tele o abra el periódico y no deje de verse donde quiera que mire, ¿pensará en el mundo como en un espejo loco que solo lo refleja a él? Lo suyo no es normal como no es normal ser rey de España o auxiliar administrativo de segunda. Pero que te conviertas en cabecera de todos los telediarios de medio mundo porque cambias de equipo resulta una excentricidad casi insoportable. El ruido armado por su decisión ha sido tal que, si pudiera elegir, seguro que se pediría ser rey de España o auxiliar administrativo. Ni lo de Juan Carlos I, con ser lo que fue, organizó tanta algarabía.

Si Messi pudiera dar marcha atrás, tal vez preferiría quedarse en el Barça, pues debe de producir una angustia infinita ser el centro de tantas miradas y tantos comentarios y tantos análisis sesudos. De ahí nuestra conclusión de que ser Messi, aunque tenga sus cosas buenas, conlleva cargas insufribles. Ya lo era ser auxiliar administrativo de segunda, incluso ser notario de provincias. Pero ser Messi, ser Messi…, no sé yo cómo acabará este chico.  

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