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Marta Torres Molina

No son una manada, son sádicos

No me gusta el concepto ‘manada’. No para referirse a violaciones y agresiones en grupo. Tengo la sensación de que cada vez que se usa esa palabra escondemos la aterradora realidad bajo la alfombra: que todos y cada uno de los hombres que la forman han decidido convertir a una mujer en su parque de atracciones. Todos y cada uno de ellos han disfrutado de su dolor. A todos y cada uno de ellos les ha dado igual saber que le estaban causando un daño quién sabe si irreparable. Han ignorado, igual hasta se han reído, sus gritos, sus pataleos o su cuerpo paralizado por el miedo. Para ellos, no era una mujer. No era una persona. Un ser humano. Para ellos su víctima era, simplemente, un juguete. Un objeto. Algo con lo que divertirse destrozándolo. Hasta que está tan destruido que ya no es divertido, porque ya no grita, ya no patalea o ya no tiene el cuerpo paralizado. Da igual si son de aquí o de fuera. Bárbaros hay en todas partes. Aunque algunos, estos días, parezcan haberse olvidado de todas las manadas patrias de los últimos años. No dijeron ni mu. Bueno sí, salieron en tromba contra las mujeres violadas, vejadas y humilladas que destrozaban las vidas de esos pobres cafres (sic). No son defensores de las mujeres, son racistas. Y no son una manada, son sádicos. 

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