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Francisco Esquivel

El fuera de juego

Leo Messi e Ibai Llanos en las instalaciones del PSG.

Leo Messi e Ibai Llanos en las instalaciones del PSG.

A mediados de agosto Julio Llamazares se marcó una reflexión jonda en torno a fútbol y romanticismo donde concluye que «entristece cada vez más el grado de mercantilización de un juego que ya no se rige por los principios del deporte sino por los de la economía». Puesto que es de cajón, qué mérito tiene la verdad seguir sufriendo por unos colores.

Cuando el escritor y guionista desarrollaba la tesis, Gerard Piqué se movía para comprar los derechos de la Liga francesa al compás del traslado de Leo ahora que al central le funciona más rápido esa cabecita que el juego de piernas. Tanto, que a la aventura se ha ido cogido de la mano del infatigable creador de contenido, Ibai Llanos, a través de cuya plataforma se garantiza multitud de plebe joven. Pero, como no solo de carne fresca vive el invento, Telecinco echó sus redes y bajo el fogonazo de «El regreso de Messi» presidiendo emisiones reforzó su parrilla de comida basura. Con Isabel Pantoja se sirvieron a gusto. Utilizaron el relato de un periodista argentino al que no conocen ni en su casa para proclamar que la cancelación de dos próximos conciertos en Chile no tenía nada que ver con la pandemia sino con la pérdida de prestigio desde que su hijo destapara la otra cara la cantante. Oficiando el sacrificio, Patiño se limitó a tirar de la cadena tras conceder a la crónica telefónica rango de prueba concluyente. Con todo lo que se decía de Paquirrín, miren por donde resulta que hace relojes. Y así, el que estuvo en un tris de pedir auxilio fue el cabal Pedro Piqueras. Cuando no sucedía que el concurso le retrasaba la aparición, desde «Sálvame» eran Paz Padilla y Anabel Pantoja las que le daban paso bailando antes de tener que exponer en ese plan los estragos del virus.

Es lo que hay. Un ritmo infernal por exclusivas, derechos y el botín. Las audiencias de este escorzo propiciado por el entramado del defensa azulgrana han hecho estragos, mientras Llamazares se despidió de su colaboración de años. A quién se le ocurre, por Dios, dedicarse a discernir.

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