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Lorena Gil López

Dos ediles y un triste destino para los escolares

Los concejales de Deportes y Educación no dejan de demostrar con sus arbitrarias decisiones qué poco les importan los niños y sus familias - El alcalde queda en evidencia un día sí y otro también

La edil Júlia Llopis.

La edil Júlia Llopis.

«Quiero apuntarme al fútbol, mami». Las palabras que no quería escuchar llegaron finalmente un día. Creer que podría tener a mi pitufo de siete años bajo mi ala hasta que sea un adolescente era un deseo imposible, no se le pueden poner puertas al campo. Lo conseguimos retrasar el año pasado, diciéndole que con la pandemia era mejor no hacer mucha vida social, pero en junio volvió a insistir y ya no nos quedaban argumentos ni fuerzas para negarle su ilusión.

Así que nuestra organizada vida se desbarajusta para que pueda ir al fútbol. El siguiente paso ¿dónde jugar? Buscamos un equipo cerca de casa, pero él, puestos a pedir, quería en el que va su amigo del alma. Nosotros trabajamos los fines de semana y no podemos ir a los partidos, por lo que siempre es mejor tener ayuda de otros padres a los que ya conoces. Así que lo apuntamos al equipo de su gran amigo. No a la escuela municipal.

¿Nos lo podemos permitir? Nosotros, sí. Pienso en todas aquellas familias que están en la misma casuística, con niños y niñas que se quieren apuntar al fútbol, al baloncesto, a natación, al tenis o a cualquier otro deporte. Que van a las escuelas municipales porque sus amigos van allí, porque está cerca de sus casas o porque no pueden pagar un club privado.

La edil Júlia Llopis Rafa Arjones

Y se encuentran de sopetón con el concejal de Deportes, José Luis Berenguer (Ciudadanos), que no sé si habrá escuchado o hablado con algún padre o madre antes de decidir fulminar de un raquetazo las escuelas deportivas municipales y, con ello, la oportunidad de que los pequeños puedan hacer deporte sin tener que realizar un gravoso desembolso económico.

Me resulta tristemente obvio que este concejal no está pensando en los niños y niñas ni en sus padres porque si no sería imposible que declarara en junio que los precios serían más baratos con el final de las escuelas municipales y, tres meses después, nos encontremos conque el fútbol, el tenis y el pádel se quedan sin precios populares. «El nuevo modelo está visto por los técnicos y por mí, que me considero más técnico que político», replica ufano el edil. ¿Perdone? De pagar unos 62 euros al año por jugar al fútbol en la escuela municipal a abonar 350 euros al año por hacerlo en un club (la cantidad varía según el equipo) hay una diferencia sustancial que, una de dos, o es incapaz de vislumbrar -mal- o lo ve pero le da igual la economía de los hogares -peor-.

Un concejal, avispado él, que no ha parado ahí, también se ha cargado las escuelas tal cual las conocíamos hasta ahora y ha triplicado el precio de los cursos de natación que se ofrecerán en las piscinas municipales del Tossal y de Florida-Babel. Triplicado ¡eh! De pagar 69 euros al año a 117 el cuatrimestre. ¿El motivo? «No hacer competencia a los clubes privados», según explicaron desde la concejalía. Acabáramos, que ya vamos llegando al fondo del asunto. Que lo de menos son las familias, qué importa ajustarse el cinturón, al concejal con alma de técnico le resbala.

Y una más, no vaya a ser que tome una decisión, solo una, que no perjudique a nadie: va y se saca de la manga el recorte de los cursos de natación para personas con discapacidad que tienen más de 26 años, que con una única sesión a la semana tienen más que suficiente, claro que sí.

El edil José Luis Berenguer José Navarro

Pero no todo va a ser en Deportes, qué va, ando también en un continuo estado de perplejidad con la concejal de Educación, Julia Llopis (PP): un día sale con que el amianto no se retira de tres colegios porque la Conselleria no les informó del calendario, cuando sí lo hizo, dos veces y por escrito, de las fechas de las obras. No pasa nada, si han aguantado quince años, ¿qué es uno más con el fibrocemento sobre las cabezas de los escolares?

Otro día se levanta la edil y decide que va a rechazar las subvenciones del Consell para las extraescolares de los colegios, por supuesto, total, solo son unos 450.000 euros para los niños y niñas de los colegios. Y lo justifica por «la dificultad para presentar los proyectos educativos en fechas vacacionales». Estupefacta me quedo. Quizá debería pedir ayuda a su colega de bancada, que como aspirante a técnico debería conocer bien los entresijos de elaborar programas. Pero tranquilos, dos semanas después, que las cosas de palacio van despacio, sale el alcalde, Luis Barcala, a la palestra y suelta: «No vamos a renunciar a la subvención». Si no fuera porque estamos jugando con dinero que va destinado a actividades para niños, me resultaría chocante, más propio de los hermanos Marx y su tronchante «la parte contratante de la primera parte...», pero resulta grotesco.

Y lo último, ay, la leche materna. No había nada para mí más bonito en el primer año de la maternidad que amamantar a mis pequeños. Para mí era un suplicio tener que irme al periódico y no poder darles la teta, pero me consolaba pensando que me había sacado leche y podían tomarla. Y resulta que en las escuelas municipales no se pueden llevar «alimentos de fuera», con lo que a una madre le impidieron dejar el biberón con su leche materna para que se alimentara su bebé de cuatro meses. Es que lo pone en los papeles, se escuda el Patronato, organismo dependiente de la concejal. Sí, lo pone, sí, no vayamos a pensar un poquito y a intentar solucionar un problema, eso no. El alcalde debió pensar que hasta aquí hemos llegado, y con una celeridad inusitada anuncia para hoy mismo neveras en las dos escuelas municipales para conservar la leche materna.

Desacreditar a la concejal, sí; ponerla en evidencia, sí; pero no vayamos a relevarla, no, no vaya a ser que algún día acierte en alguna iniciativa, aunque solo sea por descarte. No olvidemos que fue Barcala quien la metió en las listas para rascar votos en la escuela de pago y ahora la tiene al frente de la pública.

En fin, mi hijo al fútbol, dos ediles en la picota a los que no les importa estarlo, un alcalde a enmendar la plana... y ahora mi pitufa dice que se quiere apuntar al baloncesto. Me pongo ya a buscar equipos.

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