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Manuel Piera

Cabeza Negra

Manuel Piera

Camino a Alzira

Los aficionados del Hércules animan a su equipo en la grada del José Rico Pérez.

Han bastado apenas siete días, dos zurdazos en los últimos instantes, para recuperar la ilusión por el Hércules. «Sei bella come un gol al 90», que escribió el «tifosi» enamorado en la fachada de su amada. «Eres bella como un gol en el último minuto»; pues que se entere todo el mundo, nosotros hemos disfrutado de dos bellezones en la misma semana; «bellísima semana».

Seguramente ni Chuli ni Elliot sean conscientes de ello, pero esos dos goles postreros han insuflado de tal manera vida en la moribunda alma blanquiazul que, por primera vez en mucho tiempo, el Rico Pérez ha vuelto a gritar como un solo hombre: ¡Hércules! ¡Hércules! Lo que traducido para los no iniciados viene a ser: «¡Estamos-hasta-los-güevos-pero-este-es-nuestro-equipo!».

Incluso el estadio parece estar menos sucio (¿le echaron un «repasico» o me ciega el amor?). El caso es que no hay mejor anestesia que el gol y ya estamos otra vez a vueltas con los autobuses y las autovías. Para Alzira que nos vamos.

Tras dos años de confinamiento ya apetece volver a pisar asfalto enfundado en la casaca blanquiazul. Descubrir nuevos horizontes desde estadios ajenos, confraternizar con los parroquianos intercambiando esperanzas, miserias –y algún vino; no van a ser todo penas–, recibir el autobús de los nuestros con la misma alegría que uno recibe la nómina en el móvil y, sobre todo, sentir desde una grada rival la «gallina en piel» cantando y animando con los tuyos, a aquellos once tipos vestidos con camiseta blanquiazul y calzón negro que corretean sobre el césped. ¡Viva el fútbol!

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