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Francisco Esquivel

Tiene que llover

Francisco Esquivel

Fábrica de sueños

Champions League | FC Barcelona - Bayern, en imágenes

 Tras el estallido de la segunda guerra civil casi consecutiva, Victoria y Debeah huyeron de Liberia donde, cuentan, «debías pasar por encima de cadáveres para ir por comida» y acabaron en el campo de refugiados ghanés de Buduburam. Allí nació Alphonso y, al cumplir los cinco años, les brindaron formar parte de un programa de restablecimiento familiar en Canadá. Se les asignó casa y escuela, en este caso católica. Hizo piña con otros críos pese a que, ni atándole los cordones, fue capaz de mantenerse en pie con patines. Apareció el balón y fue otro cantar.

  Pero mientras los amigos entrenaban, él cuidaba a los dos peques cantándoles y cambiando pañales con el padre en una fábrica empacadora de pollos y Victoria fregando por ahí suelos. Dio igual, siguió y siguió. Desde Vancouver llegó una oferta, los padres no tenían claro que con 14 se fuera a mil kilómetros y fue su promesa de que seguiría con la cabeza sobre los hombros lo que les convenció. No tardó mucho en convertirse en ciudadano canadiense y debutar con la elástica del país. Ese en el que, apoyado en la buena gestión de la pandemia, a Trudeau se le ocurrió adelantar tela las elecciones tras haber prometido que nunca se le ocurriría y no se lo ha comido el tigre de chiripa entre otras razones porque el rival conservador propugna propuestas socialmente avanzadas sobre la crisis climática, el colectivo «elegetebeí»... sin olvidar el respaldo al programa de atraer a 1,5 millones de inmigrantes entre hoy y el 2023. Igualito.

  A sus veinte años Alphonso Davies cuenta con una Champions. Que me disculpen los culés, pero es del Bayern. Para Muller, «nunca hemos tenido un jugador como él» y el tal Rummenigge ha puesto el lazo al afirmar que «no solo fascina a la afición con su forma de jugar, sino por cómo es fuera del campo». De cuento de Navidad, nada de nada; ni tampoco un milagro de Dios. Son los hombres y mujeres cuando quieren, se ponen manos a la obra y, como resultado, no encuentran inconveniente alguno en mirarse al espejo. 

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