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Joaquín Rábago

Difíciles negociaciones para el primer tripartito alemán

El candidato conservador a la Cancillería, Armin Laschet, ejerce su voto en Aquisgrán para las elecciones federales de Alemania Federico Gambarini/dpa

Verdes y liberales, dos partidos que representan opciones políticas muy alejadas en lo social y económico, están, sin embargo, condenados a entenderse si Alemania quiere dotarse de un gobierno capaz de emprender con urgencia su modernización y liderar a la vez el proyecto europeo.

Aunque en las elecciones del pasado domingo quedaron respectivamente en tercera y cuarta posición, los ecologistas y los liberales, ambos votados sobre todo por las jóvenes generaciones, tendrán un papel crucial en la formación del primer tripartito, bien junto a los socialdemócratas, bien con los conservadores de la CDU/CSU.

El gran ganador de la jornada electoral fue el Partido Socialdemócrata del hasta ahora vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz, que consiguió una histórica remontada para su formación desde posiciones hasta hace poco casi próximas a la irrelevancia.

La gran derrotada fue, por el contrario, la CDU/CSU, que quedó en segundo lugar, un punto y medio por debajo de su hasta ahora aliado de gobierno en una auténtica debacle que se atribuye sobre todo a su candidato, Armin Laschet, un político que no logró entusiasmar siquiera a los suyos.

Los dos partidos de la Gran Coalición liderada por la canciller Angela Merkel, quien abandonará la política tras dieciséis años al frente de distintos gobiernos, buscarán a partir de ahora el favor de Verdes y Liberales en su competencia por encabezar el nuevo tripartito.

Para Laschet será una cuestión de vida o muerte pues, de no conseguir formar gobierno con ellos, quedará en entredicho su propia presidencia de la Unión Cristianodemócrata y su futuro político.

Pese a su evidente falta de carisma, su rival, el socialdemócrata Scholz ha salido fortalecido en estas elecciones ya que su victoria se debe más a su veteranía y a la confianza que logró transmitir a los electores que a su propio partido.

La digitalización, la modernización del Estado y la lucha contra el cambio climático son las asignaturas pendientes que tendrá que acometer en cualquier caso el gobierno que finalmente se constituya. Son objetivos que todos comparten, aunque difieran sobre cómo lograrlos.

Los Verdes están más próximos al Partido Socialdemócrata en asuntos como el salario mínimo, el aumento de la presión social a los más ricos o la oposición a las estrictas políticas de austeridad que defienden tanto cristianodemócratas como liberales.

Estos últimos fían la lucha contra el cambio climático sobre todo a la iniciativa privada, las desgravaciones fiscales para las empresas y al progreso tecnológico mientras que los Verdes, pero también los socialdemócratas, abogan por una mayor involucración del sector público, deuda estatal incluida.

El problema será conciliar economía y ecología en la principal potencia exportadora europea y en un país en el que el automóvil sigue siendo el rey. Serán en cualquier caso necesarios sacrificios personales, algo que les cuesta explicar a todos los partidos, sobre todo a los conservadores.

Al final, unos y otros habrán de ceder: ecologistas y liberales tendrán que aproximar sus posiciones, hoy ciertamente distantes, y llegar a un compromiso con el que puedan sentirse cómodos bien los socialdemócratas, bien la CDU/CSU si quieren encabezar el próximo tripartito.

Serán negociaciones difíciles, pero todos los partidos saben que está en juego no sólo el futuro del país sino también el proyecto estratégico europeo en un mundo multipolar, aunque cada vez más amenazado por los egoísmos nacionales.

Habida cuenta del descalabro cristianodemócrata y a juzgar por las preferencias en materia de alianzas expresadas en los sondeos por el electorado, la más probable es una presidida por el socialdemócrata Scholz aunque no pueda descartarse tampoco otra de signo contrario.

Sería con mucho el tripartito deseado por las bases del partido ecologista. Los liberales, más próximos en lo económico a la CDU/CSU, preferirían, por el contrario, un gobierno encabezado por Laschet, de cuya debilidad tratarían de sacar el máximo partido.

El tiempo apremia. Rusia y China acechan. El próximo año hay elecciones presidenciales en Francia y al Congreso de EEUU, y Alemania, nación clave de Europa, debe tener más pronto que tarde nuevo gobierno. ¿Será antes de que acabe el año, como todos dicen ahora desear?

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