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Antonio Sempere

El teleadicto

Antonio Sempere

Desolladero

Plaza de toros en una imagen de archivo

Parece mentira que una plataforma como Movistar pueda más que RTVE. Que haya sido el Canal Toros, y no La 2, quien pusiera en marcha hace varias temporadas Desolladero, una tertulia de 60 minutos, en tiempo real, en la que Rubén Amón departe en cada entrega sobre distintas disciplinas artísticas en relación con la tauromaquia: del cine a la arquitectura, de la música a la pintura. A cada entrega acuden tres invitados, como Elena S. Sánchez, Manuel Gutiérrez Aragón, Félix Tusell, Jaime Urrutia o Víctor Pablo Pérez, que sentados en unos cajones de los toriles departen amicalmente como si se encontrasen compartiendo unas tapas en la barra de un bar, aportando datos, anécdotas y sucedidos que se nota han refrescado en la memoria antes de grabar el programa, porque la conversación nunca se estanca y discurre a una velocidad tremenda.

El formato no puede ser más austero. Que la televisión pública no haya querido ni plantearse proyectos así durante la etapa de Rosa María Mateo está claro que se debe más a la ideología que al dinero. Son programas que vería muy poca gente. Pero se entroncan en la variante de la televisión cultural pura y dura, esa que en la actualidad se ha volatilizado hasta de La 2, porque incluso en esta cadena ya no cabe llevar a un trío de intelectuales para que charlen durante una hora, sin cortarles, de lo que les apetezca.

No entiendo de toros, pero sí me gusta mucho la televisión. De ahí que en las corridas de Movistar disfrute más de la previa (qué filigrana de realización) y de la tertulia posterior (el último tercio). Qué prodigiosa la palabra de Fernando Fernández Román y Luis Francisco Esplá. Quien lo probó lo sabe.

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