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Daniel Capó

Los números no cuadran

El ministro Escrivá, en su reunión con Ximo Puig.

Como no hay semana sin polémicas, al ministro Escrivá le ha caído en suerte decir que quizás no fuese mala idea empezar a plantearnos la jubilación a los setenta y cinco años. En otra época ya nos darían por muertos a esta edad, pero la ciencia, la higiene y los avances laborales han prolongado la vida hasta límites impensables hace apenas un siglo. Por supuesto, el problema del ministro es otro, más complicado si se quiere: la presión sobre los recursos públicos de una sociedad envejecida, poco competitiva e hiperendeudada resulta enorme. Decisiones apresuradas –y seguramente electoralistas– como cuadrar de nuevo el IPC con las pensiones, sin filtros de ningún tipo, empeoran aún más el escenario en el que se mueve el gobierno. Con fama de buen técnico, el inconveniente de Escrivá consiste en que dice lo que piensa y no lo que le exigen los cánones normativos de la política. En el modo populista de las democracias actuales, la escasez no suma votos. Tampoco el realismo ni la sinceridad. 

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