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Antonio Balibrea

La crisis de la producción transnacional

Así estaba Alicante el primer lunes de confinamiento

Hace una semana terminaba con un “vista a la izquierda”, y diagnosticando nada menos que “la globalización neoliberal ha muerto víctima del covid-19”. Un amigo me ha reprochado mi excesivo optimismo. Vuelvo sobre el tema, y esta vez de la mano de alguna autoridad en la materia, al menos para mí, como Juan Torres López, catedrático de Economía en Sevilla. Ha escrito que “lo que se está produciendo ante nuestros propios ojos es la muerte por éxito del capitalismo neoliberal”.

La epidemia y los consiguientes confinamientos, limitaciones de movilidad, de consumo, etc. provocaron una crisis de demanda. El levantamiento progresivo de las restricciones y el control de la pandemia han desatado la demanda y el gasto de los hogares. Lo que no habíamos gastado en año y medio, lo estamos fundiendo rápidamente: en turismo, en reformas domésticas, en hostelería, en automóviles, con una alegría que no veíamos desde hace años. Los pequeños empresarios, y los autónomos pueden dar fe de ello. Si no hemos sido capaces de suplir en su totalidad la demanda de los millones de turistas extranjeros, al menos entre los ERTE y la demanda interna, hemos salvado la situación. La demanda de los gobiernos con su endeudamiento y las grandes inversiones de la Unión Europea propiciando la reactivación económica han revalorizado el papel de los Estados.

El covid-19 ha tenido otro efecto, además, crear una crisis de oferta. El crecimiento de la demanda de bienes y servicios que aparentemente no se puede atender, con la consiguiente subida de precios. O será al revés: primero subida de precios mayor en los sectores oligopolísticos, porque limitan la oferta: energía, los transportes, contenedores, los productos alimenticios, los microchips, plásticos, etc. Si la intervención de los gobiernos en los aspectos sanitarios y de coordinación en la compra y distribución de vacunas, y de reactivar la economía ha sido fundamental, al menos en Europa y Estados Unidos, en lo que se refiere a la oferta, sea de energía u otros productos, hasta el momento su actitud está siendo la de esperar y ver si el precio de la energía baja solo (en pleno invierno) y que las tensiones en los mercados internacionales desaparezcan por arte del mercado.

No hay suficiente disponibilidad de bienes y servicios para satisfacer la demanda de las empresas y usuarios. Creo que sobre todo es por los monopolios transnacionales -incluidos los paraestatales de China o Rusia- que gobiernan los distintos sectores. En el gas y el petróleo es de una evidencia demoledora. Los gobiernos ahora no intervienen porque interpretan que es un cuello de botella de carácter temporal. O quizá, y sería bastante más grave, por carecer de instrumentos para hacer frente a corto plazo a la coincidencia de una presión de la demanda, con la restricción de la oferta. Por eso hablan de situación coyuntural. Para Torres “la pandemia ha acelerado y agravado la desarticulación del sistema global de producción y logística globales que ya estaban en crisis con anterioridad" y que lógicamente, no tienen un carácter meramente temporal, sino estructural. La concentración extraordinaria de capitales, de rentas y riqueza, de beneficios desorbitados nunca antes vistos, de exagerada liquidez y una notable influencia social y política, tiene como resultado que los oligopolios en los distintos sectores fijan sus precios y con ello la proporción de tarta (del PIB, de los beneficios en un sector) y excluyen cada vez más del reparto a una proporción creciente del pequeño y mediano capital, a aquellos que no tienen capacidad de fijar los precios. Todo ello se traduce en una paralización sucesiva de los procesos de producción que hasta ahora estaban encadenados. El sistema logístico internacional puede colapsar. Además del turismo, el sector energético, automóvil, digital, el sector juguetero, ya notan los efectos. La lucha por acaparar una porción mayor de la tarta nacional o mundial al establecer los oligopolios sus precios, provocan la correspondiente inflación. Ante esto, los bancos centrales tradicionalmente suben tipos de interés; hoy sería desastroso para estados endeudados y además recortaría más la oferta.

Los gobiernos de la Unión Europea se muestran incapaces de abordar siquiera la subida del precio de la energía como han planteado Francia y España, y habrá que ver la propuesta de la Comisión a final de mes. La situación es también un problema para Estados Unidos y China, por la ruptura de las cadenas logísticas y de producción transnacionales. ¡Vista a la izquierda, y a paso ligero!

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