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Marc Llorente

Ver, oír y gritar

Marc Llorente

La buena política

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE

Desde el prisma del progresismo, hay alternativas, sí, al neoliberalismo económico. Hasta cierto punto por lo menos. Frente a los que solo saben desmantelar derechos laborales y sociales y privatizar en favor de particulares beneficios, existen otras políticas que no persiguen concentrar el poder dominante y la riqueza en unos cuantos.

La desgracia, por culpa de la pandemia, pone de manifiesto más aún, de cara a resolver problemas, la necesidad por parte de los dirigentes mundiales de aumentar impuestos a los que más tienen (o la creación de un impuesto a las grandes fortunas) y de potenciar el gasto social y un cierto intervencionismo del Estado con vistas a mejorar los servicios públicos y la realidad de muchas personas, que siempre pagan los platos rotos.

Los paraísos fiscales están en la picota, y no es que sean simplemente un asunto de hoy. De igual manera que no lo es la importancia de un medioambiente sostenible. Un ejemplo de toda esta tendencia reside en el Gobierno de coalición, que preside Pedro Sánchez, con el proyecto de presupuestos del Estado. Incluso gobiernos conservadores le superan con medidas más proteccionistas en relación con el precio del gas y del consumo eléctrico, como en Francia, o la fuerte capitalización de empresas en Alemania con Merkel, antes de la reciente victoria electoral del Partido Socialdemócrata.

La inversión pública debe estimular la inversión privada para el crecimiento económico, del empleo de calidad, la creación de empresas y la innovación con perspectivas de futuro bien gestionadas. Hacen falta acuerdos transversales y es preciso evitar que el endeudamiento ahogue los avances que se pretenden, que ya les gustaría a algunos.

El conservadurismo de Casado esgrime la idea de que «estamos abocados al rescate» con su obsesión creciente de ganar en las urnas e imponer sus tesis reformistas. Es decir, poner el freno y la marcha atrás y «devolver el poder a la sociedad». A unos pocos, que son quienes deben manejar siempre a la mayoría. Esto es el progresismo de su propósito «tremendamente liberal». El líder popular quiere residir urgentemente en la Moncloa y aspira a debilitar a Sánchez cada día. Pero el que más se puede desgastar es él.

La amplia reforma fiscal, uno de los compromisos del acuerdo de coalición, tendrá que esperar por lo visto, pese a las presiones de Unidas Podemos, que la quería ver este año. Puede no conocer la luz en lo que queda de legislatura. Superar la pandemia y recuperar y modernizar la economía con los fondos europeos son las prioridades del presidente del Gobierno de España. El sistema fiscal ha de ser justo con la ciudadanía y los territorios. Las normas transitan muy lentamente. Vean, además, que el despliegue real de la ley de vivienda estará listo después de las elecciones generales de 2023, suponiendo que no ganen la derecha extrema y la extrema derecha. Si no vencen, las comunidades gobernadas por el PP no la aplicarían. La esperpéntica batalla ideológica no tiene fin.

Como había poco y estábamos aburridos, este fin de semana llega el 40º Congreso Federal del PSOE con intención de amenizar al público. Sánchez ganó la guerra civil socialista en su momento, y ahí se hablará de «buena política». Fortalecer el escudo social, creación de empleo, transformación de la economía con el objetivo de hacerla más «robusta y equitativa», transición ecológica y «plena igualdad». Se podrá ver el abrazo entre el expresidente González y Sánchez, ya que en los últimos meses se ha producido un acercamiento y han fumado la pipa de la paz. El abrazo del oso tal vez.       

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