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Joan Antoni Oltra Soler

Podar palmeras con motosierra, lo que faltaba

Una de las palmeras podadas la semana pasada en la calle Pedro Juan Perpiñán, de Elche. |

Una de las palmeras podadas la semana pasada en la calle Pedro Juan Perpiñán, de Elche. | ANTONIO AMORÓS

El palmeral de Elx no gana para sustos. Siempre oyendo alabanzas a su belleza y singularidad y, en cambio, observando comportamientos muy contradictorios con tales declaraciones.

El último ejemplo, por ahora, ha sido lo acontecido con la poda de palmeras sitas en la calle Pedro Juan Perpiñán. Nunca se había visto que se hiciera con motosierra y en las condiciones de peligrosidad y falta de previsión que han padecido los ejemplares e, incluso, las personas que por allí transitaban.

Es imposible pensar que algo así, tan surrealista, peligroso y que muestra tan poca preocupación por el palmeral, se hubiera visto si el trabajo lo hubiera realizado la brigada municipal o, incluso, cualquier palmerero ilicitano. ¿Nadie le había dicho a la empresa cómo se hacen estas cosas?. ¿Nadie vio lo que estaban haciendo hasta que se denunció?. Aunque la paralización fue correcta, nunca se debió llegar a esa situación.

Las políticas de privatización y de falta de atención adecuada, en muchas ocasiones, tienen estas cosas. Es difícil de justificar que, en un Ayuntamiento cuyo equipo de gobierno lo componen PSOE y Compromís, y en un tema con el que hay que tener tanta sensibilidad, especialmente cuando se trata de un Patrimonio de la Humanidad, ocurra esto. La plantilla de palmereros parece destinada a la extinción y ser sustituida por contrataciones privadas, cada vez más numerosas. Y es un tema delicado y que, como puede verse, puede llegar a poner en peligro lo que se quiere proteger.

Hace falta otra política de personal en ésa área. Reforzar la brigada y que los operarios estén realmente ejerciendo ésa función, y no otras como pasa muchas veces. Y que se disponga de los medios auxiliares necesarios: vehículos suficientes para recoger adecuadamente los restos de poda; equipos de trabajo con seguridad, eficaces y autorizados; técnicos y encargados conocedores de la función y coordinación de una plantilla a la que hay que animar y motivar para que ejerza lo mejor posible un trabajo vital para que el palmeral siga siendo motivo de orgullo de todo Elx. Y el Ayuntamiento debe reforzar las partidas económicas que permitan cuidar mejor los huertos, regarlos con mejor agua y más a menudo, reponer los ejemplares que se pierden, rejuvenecer las plantaciones, luchar contra las plagas, etc.

Lo que ha pasado debe servir de revulsivo para plantear un cambio radical en este tema. Es cierto que cuando se apruebe la nueva Ley, después de años de retraso, se podrá aspirar a muchas mejoras. Pero sólo con la Ley no bastará. La actitud municipal también debe cambiar. La salvaje poda en Pedro Juan Perpiñán es un caso extremo de agresión al palmeral, pero tampoco es admisible la que se ha hecho en el huerto donde está el Parque Multiaventura transformando palmeras en «mochos de escoba», como tantas veces se hace. O lo que se hizo con los alcorques asfixiantes en Nuestra Señora de la Cabeza, etc. Evitar estas cosas no necesita de nuevas leyes, necesita de otros comportamientos. Y de otras políticas urgentemente.

Que el Ayuntamiento no haya reforzado la protección del palmeral en su PGOU, más de 20 años después de su declaración como Patrimonio de la Humanidad, es de nota. O la falta de un Plan Especial de Protección. O que se sigan utilizando herbicidas desaconsejados. O que la reforma prometida del Hort del Gat, hace más de 4 años, ni se haya iniciado. O el fiasco del Instituto Tecnológico de la Palmera. O que el sistema de riego tradicional esté cómo está. etc.

Esperemos que esta situación mejore rápidamente. El palmeral así no puede seguir. Nos estamos jugando mucho. La preocupación mostrada por colectivos como VOLEM PALMERAR, APELX, CC.OO., CGT y otros muchos, debe ser tenida en cuenta por el Ayuntamiento para corregir estas situaciones y evitar que vuelvan a repetirse. Son demasiados errores y todo tiene un límite.

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