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Lola Peiró

Lola Peiró

Docente

Hubo un tiempo en el que...

Libros en la Feria del Libro de Madrid.

... me sorprendió, no saben cuánto, el hecho de que la unión de unas letras llamadas "vocales" con otras conocidas por "consonantes" formaran las "palabras", y más tarde entré en aquello que resultaron ser las "frases"; era de donde salían los cuentos que todas las noches me contaba o leía mi padre al llevarme a la cama. Pero hasta llegar a las dichosas frases tuvieron que pasar largos ejercicios y pesadas explicaciones en manos de una adusta maestra que nos transformaba el tiempo dentro de una escuela tercermundista de posguerra en un quehacer tedioso.

Entonces era yo muy pequeña. De hecho andaba en estas cosas cuando en España ya salían hacia el exilio políticos como Azaña, Negrín y otros muchos sobre quienes hablaban los mayores, y pronto se oyeron otras historias y otros nombres de gente que parecía haber ganado algo así como una guerra que ya no se llamaba República. Fue un embrollo para los que nacimos a orillas de acontecimientos que nos venían como un mal viento. Pero lo cierto es que todo aquello me llevó hacia unas puertas que se me abrían: el mundo de los cuentos, sitio en donde yo podía penetrar a través de mi padre, y lugar diferente al de los suspiros por aquella maldita guerra que pronto hizo acto de presencia. Pues bien, las maravillosas puertas que se me abrieron resultaron ser LOS LIBROS.

A partir de aquí me fui haciendo mayor, pero nunca llegué a deshacerme de aquellos "embrollos" que me ofertaban los acontecimientos posteriores hasta hoy, cuando ya soy asaz longeva. Y sigo sin entender lo que está pasando no solo en el país que habito, sino en todo el mundo en el que los humanos vivimos. Porque, ¿encuentran ustedes la razón por la cual con las guerras se solucionan los problemas?, ¿o con puñetazos a diestro y siniestro?, ¿o con un lenguaje soez con el que se desea destrozar a alguien? ¿Por qué no usamos los argumentos y llegamos a la sencilla conclusión de que hablando se entiende la gente? ¿Por qué existen bandos –llamados "partidos"– mediante los cuales se tiene la costumbre de insultar al contrario por el mero hecho de querer subir al poder y mandar, aunque digan que desean "ayudar al pueblo"? Recuerden lo que ya dijo un sabio en la profundidad de los siglos de la Grecia antigua: "Allá donde el mando es codiciado y disputado, no habrá buen gobierno" (dicen que fue Platón). Estoy harta de ver en televisión o leer en los periódicos asuntos como violaciones (muchas de ellas aberrantes), peleas a muerte entre jóvenes que debieran haber recibido mejor educación, mejores principios morales... Y hablando de educación, la gran ignorada: ¿por qué nadie rompe ni una puñetera lanza por enmendarla, que mucha falta le hace, y en cambio sueñan los políticos con los dichosos VOTOS con un desasosiego tremendo? ¿Es que no les importa nada tener una sociedad más educada y cívica?

En estos momentos estoy como cuando me enfrenté a vocales y consonantes y no podía salir de aquella sinrazón. ¿Ustedes creen que un pueblo que se comporta tan salvajemente pertenece a una sociedad educada, responsable y dada a razonar por medio del diálogo?

Debiera moderarme. A este paso no llego ni a los noventa, y ya me falta un pelo. Pero es que me conduelo por todo lo que le sucede al "pueblo", ese del que todo el mundo habla en el Parlamento y nadie conoce. Porque es precisamente ese pueblo el que trabaja de sol a sol cultivando los productos que nos comeremos, enseña en las aulas a los chavales y a los que serán hombres el día de mañana, curan a los enfermos a cualquier hora que son llamados, construyen muros, hacen que las fábricas sean rentables, los jueces resuelvan, y no olvidemos a esos que desgraciadamente pasan hambre porque también son pueblo, Son gente que anda por la calle, poco conocidos pero te dicen "adiós", y tú les sonríes aunque con la mascarilla no se note.

Ese es el pueblo, caray, también lo es aunque no pague una pingue contribución.

Y perdonen las molestias por estas salidas de tiesto, pero es que hay momentos en que no entiendo nada, como me sucedió cuando apenas acababa de abrir los ojos al mundo y se me juntaron las vocales con las consonantes armándome un gran lío. Pero es que me duele tanto que los asuntos humanos no marchen bien... ¿Tanto cuesta ser honestos, comprensivos y generosos por ejemplo?      

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