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Ramón Pérez

Tribuna

Ramón Pérez

100 años, 100 entrenadores (III)

Francisco Pagaza, Luis Urquiri, Gaspar Rubio, Mundo y Julián de la Riva

En 1942, con la depresión de haber bajado por vez primera a Segunda y con la amargura de lo que la Guerra quitó, el Hércules dio plenos poderes a Luis Urquiri, veterano jugador que había llegado el curso anterior a la plantilla, que había sido campeón de Liga con el Atlético y una leyenda del Alavés. Con el Hércules no consiguió el ansiado regreso a Primera, pero luego subiría tres veces con Dépor, Málaga y Oviedo. Suele pasar.

El siguiente curso el club volvió a usar la antigua figura de jugador-entrenador, que tan bien se le había dado con Suárez de Begoña y Olivares. Esta vez la responsabilidad cayó sobre Manolo Maciá, palabras mayores en la historia del club y que todavía seguía en activo más de una década después de su llegada al Hércules. Maciá, aquel joven que venía a Alicante a entrenar en bicicleta desde Santa Pola, daría paso a Francisco Pagaza, que sería el encargado de ascender de nuevo al equipo. Pagaza era un trabajador del astillero de Santander que se hizo futbolista; alcanzó tal nivel que integró la primera alineación de la Selección Española en 1920, en aquellos recordados Juegos de Amberes, donde nació la «furia».

Mediada la 45-46 retornaría al banquillo Urquiri, que completaría también el siguiente curso. En 1947 aterrizaba en Alicante Gaspar Rubio, que estaría tres temporadas consecutivas completas en el Hércules, algo insólito y que sólo repitió el mágico Arsenio treinta años después. Rubio, conocido como «el rey del astrágalo» por sus dolencias en ese hueso del pie, había sido un referente como futbolista del Madrid y de la Selección en los años veinte y treinta y tenía un carácter enigmático granjeado por una serie de fugas a Cuba cuando era jugador. Le sucedió Antonio Bonet, que a punto estuvo de meter al equipo en la promoción de ascenso.

En la 51-52 el Hércules, acostumbrado a tener fantásticos exfutbolistas como técnicos, firmó a Mundo, todavía hoy máximo goleador histórico del Valencia, club con el que había conseguido tres Ligas y dos Copas en la fantástica década de los cuarenta para los ches. La aventura como entrenador la estrenaba en Alicante porque acababa de colgar las botas en el Alcoyano. Sin embargo, a comienzos de la 52-53, carta mediante, presentó su dimisión por un asunto familiar. Después haría una extensa carrera como entrenador y abriría un bar en Valencia, Casa Mundo. Su puesto lo ocupó Julián de la Riva, que entonces hacía de secretario técnico del club después de haber sido durante una década árbitro de Primera y Segunda División. Cosas de la época.

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