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El elevado precio de la electricidad, un torpedo en la línea de flotación de las administraciones públicas

Archivo - Una factura del consumo de luz

Archivo - Una factura del consumo de luz / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

En estos últimos meses estamos conociendo diariamente los efectos del alza de los precios de la electricidad e incluso sufriéndolo en nuestros propios bolsillos. Leemos que algunas industrias han decidido parar su producción porque dejan de ser competitivas y han decido que la mejor manera de reducir el gasto energético es “apagar el consumo”. En los edificios de las administraciones públicas es muy complicado tomar ese tipo de decisiones, no podemos cerrar hospitales y centros de salud, colegios, institutos y universidades o tantos otros edificios que dan un servicio público. Junto con esta enorme subida de los precios nos encontramos con las medidas para la prevención del COVID por las que debemos garantizar una ventilación en muchas ocasiones con puertas y ventanas abiertas, junto con equipos de aire acondicionado consumiendo grandes cantidades de electricidad por la enorme pérdida de eficiencia energética que implica tener las ventanas abiertas. Las previsiones reales de la evolución del precio de la electricidad tampoco son positivas dado que si analizamos mercado de futuros de la electricidad no nos permite prever un retorno de los precios de la electricidad a los de 2020, por lo que debemos de prepararnos para una situación como esta sostenida en el tiempo.

Como ejemplo del efecto en las cuentas de las administraciones públicas puede situarse la Universidad de Alicante, un centro que tiene un consumo energético anual superior al de algunas ciudades de tamaño medio. Del portal de datos abiertos podemos obtener consumos de unos 20.000 MWh/año, valor estable a lo largo de lo años. La evolución del coste anual medio de la electricidad varía desde unos 135 €/MWh hasta los actuales de 180 €/MWh (o incluso mucho más en el mercado minorista). Esto implica que la UA va a gastar, realizando una previsión optimista, un millón euros más en electricidad en 2021 que otros años con consumo similar. Estos sencillos números estimativos se pueden trasladar a cualquier otra administración para este año y probablemente iguales o superiores para el próximo 2022. Con estos costes de adicionales de operación destinados exclusivamente a “quemar” recursos económicos, que torpedean directamente sus presupuestos, sólo es posible equilibrarlos detrayendo algunos de los servicios que prestan las administraciones. En el caso de la UA incidirán directamente en las inversiones que se puedan realizar en mejorar la docencia, la investigación y la transferencia.

Como plan de coche para poder amortiguar el impacto producido por el elevado coste de la electricidad solo queda reducir drásticamente el consumo, a pesar que es muy difícil alcanzar reducciones de consumo del orden del 30% para compensar el incremento del precio de la electricidad, sin reducir drásticamente la calidad del servicio que prestan las administraciones públicas. A diferencia de las grandes empresas siderúrgicas no podemos cerrar nuestras plantas y a diferencia de fábricas y comercios no podemos trasladar a los usuarios nuestros incrementos de costes de operación, dado que los presupuestos de las administraciones públicas derivan en último término de los presupuestos generales del estado.

La única manera de conseguir la reducción del consumo eléctrico es la concienciación social de trabajadores y usuarios de que menos recursos en una administración pública sólo pueden ir en decremento del servicio que se presta. Cada granito de arena que cada uno pueda aportar es siempre positivo: apagando equipos informáticos cuando no estén en uso, reducir el uso de consumos eléctricos innecesarios y sobretodo reducir las exigencias personales de confort que actualmente son mucho más exigentes que hace diez años. En Alicante tenemos un clima excelente y sólo tenemos muy pocos meses de frío y/o calor intenso en los que será difícil reducir consumos pero no el resto del año donde pueden recordar las soluciones tradicionales para combatir el frío o calor: prendas de vestir frescas y ventanas abiertas para los días más cálidos y prendas más cálidas para los días fresquitos. Simplemente tendríamos implementar los mismos criterios que aplicamos en nuestras casas, unos por conciencia social y otros por reducir el consumo que directamente afecta a su bolsillo personal.  

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