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Enrique Benítez

Escasez de chips

Microchips de la Xbox.

Las fábricas de todo el mundo digital pueden paralizarse debido a la escasez de circuitos integrados, popularmente conocidos como semiconductores o microchips. Ahora que casi cualquier cosa necesita estar conectada (sea un coche, un juguete, o un electrodoméstico), y se habla del Internet de las Cosas (IoT: Internet of Things), la escasez de este tipo de componentes supone un grave riesgo para la recuperación mundial tras la pandemia.

Un informe de CaixaBank revela que las empresas de semiconductores pueden dividirse en tres grupos. Están los fabricantes de dispositivos integrados, como Intel, Samsung o Texas Instrument, que se encargan tanto del diseño como de la fabricación. Luego están las llamadas empresas sin fábrica, que sólo diseñan sus chips y subcontratan la producción (como Nvidia, Qualcom o AMD), y finalmente las fundiciones puras (como Taiwan Semiconductor), que sólo fabrican los diseños de otras empresas. A estos operadores habría que sumar la holandesa ASML, que fabrica las máquinas que producen los chips, cuyo valor se ha disparado en bolsa entre rumores de su posible venta a un grupo chino, algo a lo que se opone tajantemente Estados Unidos.

De esta manera, un detallado documento de KPMG habla de “tormenta perfecta” en relación con la situación de escasez en el mercado global de semiconductores. A los problemas para adecuar la oferta y la demanda -parece que los fabricantes de automóviles no han sido muy transparentes al anunciar sus necesidades tras la recuperación-, se suman las consecuencias de diversos accidentes y desastres naturales localizados en Japón, Taiwan y Texas, y por supuesto las tensiones geopolíticas: aunque Corea del Sur y Japón son los principales actores de este mercado en Asia, la importancia de la empresa Taiwan Semiconductor (TSMC) aliña la nunca escondida posición china de anexión de la isla rebelde.

En los años dorados de la globalización, muchas empresas de los países dominantes occidentales (Europa y Estados Unidos) deslocalizaron su producción hacia los baratos fabricantes asiáticos. Aquellas decisiones están en la base de lo que hoy se conoce como “pérdida de soberanía tecnológica”. Los chips son imprescindibles y hay una batalla mundial por garantizar el suministro. Europa prevé aprobar la Ley Europea de Chips en 2022 para duplicar su producción, por supuesto con jugosas ayudas públicas, y Úrsula von der Leyen ha visitado ASML hace unos días. No es el mercado, amigo: se trata de geoestrategia.

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