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Pilar Garcés

25 N: A propósito de Mariluz Esún

La profesora del instituto Madina Mayurqa de Palma Mariluz Esún ha sufrido uno de esos calvarios personales que ponemos sobre el tapete hoy, 25N, día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres. Acosada durante meses por un compañero de trabajo que la machacó a mails, mensajes y regalos para entablar con ella una relación indeseada, según la sentencia que le condena a diez meses de cárcel ese hombre la sometió a una «pesadilla continua» y «violencia psíquica» con actos «extremadamente graves» con los que «invadió la vida privada» de la joven, y que le causaron daños psicológicos por los que requirió ayuda médica. No son bromas lo del baboso de manual que no tolera un no por respuesta. No son bromas, hasta el punto de que la jueza Francisca Ramis lo califica de delito de coacciones en su contundente resolución judicial, que se salda con una multa de 600 euros, «irrisoria» en palabras de la propia magistrada. Pediríamos un aplauso para la fiscalía, ese ministerio público que va de nuestra parte, y que calculó en semejante porquería lo que vale la tranquilidad, el espacio vital y la salud de una mujer. Pero vamos a reservarnos la ovación mayor para la conselleria de Educación que no mostró la diligencia debida para ayudar a una trabajadora que conocía sus derechos, los instrumentos necesarios para defenderse y que recibió como respuesta el silencio y un montón de trámites que acababan en vías muertas. Vuelva usted mañana con su acoso sexual, y rellene este papelucho por triplicado. Una burocracia que ha enviado al acosador un mensaje clarísimo de refuerzo e impunidad, hasta que la justicia se ha pronunciado con el mal ya hecho. Hoy tenemos un fallo contundente, pero el mismo sistema que se ríe de las mujeres y sus cuitas, a unos políticos que encima defienden que todo funciona y al condenado que durante todo este tiempo ha medrado y ha seguido exitosamente con su vida. Mientras Mariluz Esún sufría de ventanilla en ventanilla, él hacía carrerita y ya es funcionario. Vivía y vivirá de mis impuestos, y en sus manos dejamos la educación de nuestros hijos. Y de nuestras hijas.

La voz valiente de Mariluz Esún se ha alzado en víspera del 25N para aguarle la fiesta a este Govern feminista de boquilla con sus webinarios, sus lazos morados en los balcones, sus declaraciones institucionales, sus tuits y sus abultadas nóminas para la defensa teórica de los derechos de las mujeres, que en la práctica es un chiste. Un ejecutivo que, según el conseller de Educación Martí March, no ha hecho nada mal. «El Govern ha estado a su lado, lamentamos que ella no tenga esa percepción», dijo en el Parlament en martes. Acabáramos, señoro. Mariluz no lo ha entendido, como no entendió los requiebros amorosos del indeseable. En realidad, todo el aparato luchó por su causa, se la tomó en serio y que no se resolviera su calvario hasta que puso una denuncia en la policía es pura coincidencia. Ella se ha dirigido a todos los claustros de la isla para explicar su caso y lo sola que la han dejado entidades creadas ex profeso para defender a las mujeres, como el IB-Dona o el Centre d’Informació de la Dona del Consell de Mallorca, a las que califica de «perversas e hipócritas» por responder más a criterios de utilidad política de sus partidos que al interés de las víctimas. Las víctimas y el infierno en el que unos las meten mientras otras miran y callan. Hoy es su día.

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