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José A. García del Castillo

LA PLUMA Y EL DIVÁN

José A. García del Castillo

La gran mentira

Decir 'no' a nuestros hijos les enseña que las cosas no siempre salen cómo el quiere

Una de las cosas que más preocupa a los padres es que los hijos mientan, ya sean mentirijillas o grandes mentiras. Suelen ser estrictos en intentar cambiar, persuadir o castigar este tipo de comportamiento, porque son plenamente conscientes, y están más que convencidos, de que es una práctica indeseable que no se debe tolerar en ningún caso.

Las mentiras infantiles pueden conllevar tal cantidad de maldades asociadas que hacen que nos tiemblen las piernas con solo pensarlo y si somos lo suficientemente avispados para pillarlos en un quiebre de la verdad saltamos como resortes, pero no solamente por el hecho en sí de engañar, sino también por las consecuencias y la extensión que puede tener el engaño.

Con el paso del tiempo, y con el crecimiento personal, se entra en una especie de contradicción absurda al caer en la cuenta de que la verdad es tan maleable como la propia vida, pudiéndose adaptar a las circunstancias, los deseos y las necesidades de cada cual.

Cuando los hijos descubren que sus padres mienten, se desenmascara una verdad oculta a lo largo de los años, que hace que se caiga una venda infantil de los ojos que abre un sinfín de posibilidades nuevas por el mero hecho de poder aderezar la verdad con matizaciones o medias verdades.

El joven, al tener certeza de que el adulto puede ser un mentiroso, se hace resistente al engaño y aprende estrategias de defensa que lo ayudan a discriminar. De esta forma se puede sentar cómodamente ante el televisor con actitud flemática y despajar, porque sabe que no existe un crece pelo que funcione tal y como promulga la publicidad, ni un medicamento milagroso que cure los males del espíritu, ni una modelo despampanante que se mantenga delgada y esbelta a base de aguas prodigiosas.

Además, pueden cuestionar los mensajes que se vierten en los informativos, que son elaborados escrupulosamente con alguna intención partidista o engañosa para crear opinión interesada.

Es incuestionable que en el círculo de cualquier sociedad la mentira ocupa un lugar destacado, porque son demasiados los intereses que están en juego como para andarse con verdades. Se comienza el camino en la rectitud de la verdad absoluta e impuesta para desembocar en lo que podríamos llamar, sin muchos matices, la gran mentira, esa en la que está inmerso este mundo, ahora más que nunca, por imperativo interesado de la inmensa mayoría de sus miembros.

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