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Antonio Sempere

En pocas palabras

Antonio Sempere

La estación de Elx/Parc

Tren de cercanías ALEX DOMÍNGUEZ

La estación de tren de Elx/Parc tiene dos puertas de acceso. Puertas acristaladas con sensores que se abren cuando el usuario las va a atravesar y permanecen cerradas mientras no hay tráfico de personas. Eso es sólo la teoría. La práctica es bien distinta. Volvamos a empezar.

La estación de tren de Elche Parque tiene dos puertas de acceso. Una está siempre abierta. La otra, permanentemente clausurada. Los motores de ambas están rotos. Los vigilantes de la instalación decidieron, en el mes de junio, que esta era la solución más cómoda o más lógica o menos desafortunada a una situación anómala que se sabe cuando empieza pero nunca cuando acaba.

Así, los usuarios que podían pensar que esa puerta que nunca se cerraba obedecía a la conveniencia de la renovación del aire en tiempos de Covid, deben saber que el motivo es mucho más prosaico: las puertas llevan rotas medio año y no existe ningún indicio de que las arreglen.

Es como la gotera que cae en el andén 1 de la estación, justo donde desembocan las escaleras mecánicas. Es más fácil colocar una señal de ‘Atención, suelo deslizante’ que taparla. Ya se ha convertido en parte del paisaje de la estación. Cuando no falla un torno por el que sí o sí hay pasar a cancelar los billetes, el que no responde es el panel de horarios, o la máquina autoventa. De los dos relojes que hay en los andenes, suizos para más señas, uno está parado. Y no es metáfora.

Qué duda cabe que el maestro Millás haría maravillas con estos elementos, puertas que no cierran, tornos que no abren, goteras infinitas, relojes parados. Un usuario diario del tren en una ciudad de 230.000 habitantes no está para literatura. Ni siquiera de la buena.

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