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Esmeralda Marugán

Esmeralda Marugán

Periodista

Decretazo

Luis Barcala en una imagen de archivo

No escribo para que mi neurosis encuentre la aprobación general, y tampoco lo hago por aumentar los "me gusta" del Facebook, ni porque se incrementen mis ingresos bancarios...

Tal vez sea para que mi vanidad se vista del oficio con el que Mariano José de Larra aseguraba llorar sangre, y con lo que, a ratos, reafirma mi existencia, a pesar de que la mayoría de las veces le robo el título a una de las películas de Isabel Coixet "Mi vida sin mí", aunque tenga otros matices, e ignore el tiempo que me quede por vivir, e incluso el que sea capaz de juntar y separar letras en busca del sujeto, del verbo y del predicado.

Lo de hoy tiene más que ver con lo que perjudica a mis pupilas y tímpanos, que por mí desconvencimiento religioso, y también, por qué no reconocerlo, por solidaridad con alguna o algún semejante al que, llegado el mes de diciembre, desee convertirse, como yo, en OSA PARDA e hibernar...

No necesito del buen tiempo para tener mala cara, ni al revés, de hecho, me gusta el invierno, y el frío de mi infancia, el me lleva al calor de "la gloria" de mi pueblo (Marugán), y al de aquel que tiene que ver con el de "pecho ajeno elegido, individual y sin ruidos". Más de dos, para el ocio, es multitud. Adoro las salas de cine en la última función del domingo, aunque lo lamento por quienes se la pierden, y por la cuenta de resultados de sus propietarios. Allí tengo la sensación de formar parte del guion. o de ser una de las actrices de reparto. 

Por todo ello este mes sé que tengo que prepararme las excusas precisas con escapadas específicas, y ansiolíticos naturales que refuercen mis defensas ante la invasión de esos señores gordos con barba blanca y paño de souvenir barato. Algunos, incluso yo misma, dicen, y he dicho, que llega a muchas casas el 24 de Diciembre, aunque paradójicamente siempre aparece envuelto en papel de centro comercial, y con lo que viene seguido de obligado cumplimiento, y así hasta el discurso de una de sus majestades, con quien se reparte el negocio el anterior, pero sin camello, y con mejor presencia.

Nos han contado tantos cuentos, como los que he ido contándome a mí misma, "tantos" que ahora que he aprendido a no ser la señora de Feroz, ni la abuelita de Caperucita, desearía que todos los niños y niñas del mundo, se llamasen o no Jesús o Jesusa, no nacieran en ningún pesebre. Que tampoco tuvieran que atravesar las gélidas aguas del océano, (por el mar de la necesidad), o se vieran obligados a sobrevivir sin la seguridad del pan de cada día, la educación o la sanidad garantizada, además, y fundamentalmente, me gustaría que su derecho a tener unos progenitores que se comprometieran a considerarles "criaturas" estuviera garantizado, y que jamás fueran comprados, robados, arrancados, maltratados, ni abusados.

Y, sobre todo, si pudiera pedir un solo deseo, sería aquel en el que existieran unas leyes, y una justicia, que los escuchara, y actuara para protegerles.

Tengo, además, cierta alergia a la fiesta colectiva, a los brindis con el negocio del alcohol, y a la frustración anual de los buenos deseos sin final feliz, entre otras razones porque no siempre son derechos, y sin entrar en los profundos, no sé dónde están los límites de ambos. Por ejemplo, y por irme lejos de mi territorio, los de ellos vigueses y viguesas, que tendrán que escuchar reiterativamente por sus calles "Los peces en el río" y no en el Lagares...

Lo que se aleja bastante del espíritu navideño es el decretazo municipal del ayuntamiento de Alicante, "palo largo y mano dura", contra los mendigos y las mujeres que viven en exclusión social, mientras continúan abiertos los prostíbulos de "buena reputación", los que están en esta ciudad protegiendo la privacidad del putero y del proxeneta.

Señor Barcala, además de apoyar la inteligencia artificial, no estaría demás, empezar por la justicia social y la igualdad, que no se ilumina con lucecitas de neón y alumbrando la bandera de España. Como dice mi amiga y poeta Magdalena Blesa: ¨Quienes están en la calle, más que pecados, tienen problemas¨.

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