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Rafael Simón Gil

Tres colores: negro

 Tomo prestado el título de la trilogía cinematográfica del polaco Krzysztof Kieslowski, Tres colores: azul, blanco y rojo, añadiendo un cuarto color, el negro. ¿Vamos de luto?; ¿dónde es el entierro?, se preguntará alguna de mis dos cinéfilas lectoras. La respuesta es contradictoria porque, si bien es verdad que vamos de luto, no hay entierro ni fallecido… todavía. El director polaco creó un sublime y desasosegante retrato entre el intimismo estético, las pausas reflexivas, las miradas sin horizonte, la venganza, el amor efímero y el crisol de las aflicciones del alma, basado alegóricamente en los colores de la bandera de Francia: azul (libertad), blanco (igualdad) y rojo (fraternidad). Dejamos el cine y volvamos a la realidad, al color negro. Porque el día, las semanas, los meses y los años vividos, dibujan un horizonte venidero que tiene más cerca a la oscuridad que los simbólicos valores de una bandera nacida de la Revolución Francesa (tampoco inocente, dado que se llevó por delante, además de muchos de sus líderes, la vida de cientos de miles de personas y el primer asesinato -hay quienes lo califican de genocidio- en masa del mundo contemporáneo: las matanzas revolucionarias de La Vendée contra civiles, mujeres y niños incluidos, quemados vivos, ahogados en el Loire o ensartados en las bayonetas como trofeos).

Y es de color negro constatar que los mejores socios en los que más se está apoyando @sanchezcastejón y su gobierno, sean ERC y Bildu, es decir, los separatistas catalanes de Rufián y sus conmilitones que solo persiguen la independencia de Cataluña (luego vendrá la anexión de los países catalanes, esos menestrales del sur y las Baleares), y los legatarios de ETA, que en palabras de José María Múgica, hijo del dirigente socialista asesinado por ETA Fernando Múgica, hoy se llama Bildu “…porque ese terrible oficio de matar era producto de una voluntad totalitaria, sin piedad, que hoy tiene sus legatarios, sus seguidores, hoy eso se llama Bildu”. Teniendo en cuenta que el socio principal del Gobierno “sanchezcastejoniano” es la extrema izquierda, los ultras de Unidas Podemos, díganme si cuando miran al cielo (el que iba a conquistar Pablo Iglesias antes de ir a la peluquería) ven unas nubes blancas a la medida del inspector del cielo Zapatero, o más bien unos negros nubarrones cargados de tormenta huracanada. Y me refiero a España, no a los intereses de quienes prefieren cortarse la lengua antes de pronunciar España, o a los que emplean el distante, por acomplejado y cobarde, eufemismo “el Estado”.

Y sigue siendo de color negro azabache contemplar la paleta de pintor de un trabajador por cuenta ajena que se ha dejado la vida en el tajo laboral, proletario, para ganarse el pan. Me refiero al conmovedor Íñigo Errejón, una suerte de Saint-Just (por aquello de la revolución francesa), Arcángel del Terror, que se permite zaherir la sucesión en la presidencia de una empresa privada, la más importante de España y una de las grandes del mundo, Inditex, que da trabajo directo a cerca de 200.000 personas y otros tantos cientos de miles de empleos indirectos. El currante por cuenta ajena y fundador de decenas de empresas que dan trabajo a miles de proletarios y proletarias, Errejón, dijo: “La hija de Amancio Ortega sustituirá a su padre al frente de Inditex. La meritocracia son los padres, literalmente”. Hablo del color negro porque ese oscuro objeto del deseo (Buñuel mediante) que tiene la extrema izquierda en denostar, perseguir y destrozar todo aquello que triunfa, las empresas de éxito y dividendos, solo persigue el fin último de su nacionalización al estilo comunista de antaño o al más grotesco que practica la Venezuela donde estos políticos ultras hicieron el doctorado. Y la frase sale de un fundador de Podemos, Errejón. Bien podría decir que “la meritocracia son las relaciones de pareja, literalmente”.

Y sigue siendo de color muy negro la persecución que los independentistas, los legatarios de ETA y la extrema izquierda continúan intensificando sobre la libertad de prensa, los periodistas y los medios de comunicación que le son incómodos. Esto, en sí, no sería noticia: cuando te bañas plácidamente en el río de dictaduras como Cuba, Irán, Nicaragua, Venezuela o China (que acaba de denunciar con su nombre y apellidos al corresponsal de ABC), epítomes todas ellas de libertad de prensa y expresión, no puedes esperar que sus aguas no bajen negras de los miles de litros de tinta periodística que se quedaron en el camino perseguidos, encarcelados, torturados o asesinados. El negro insoportable de todo esto acentúa su imagen espectral por el hecho de que el PSOE de @sanchezcastejon se haya sumado a Bildu, ERC, Unidas Podemos o BNG, para vetar en el Congreso a los periodistas que “rompan el clima de cordialidad”. Es decir, a los que les incomodan. A ello hay que añadir el ominoso, obediente y subvencionado silencio de gran parte de los periodistas españoles, de los medios de comunicación, frente a esa infame censura. ¿Recuerdan las furibundas críticas de los ahora “abajofirmantes” contra Trump cuando éste vetaba a periodistas o medios que no fuera de su agrado? ¿Cuántos titulares de prensa, cuántos programas de televisión nos bombardearon frente a tamaña felonía? ¿Cree alguno de ustedes dos que ahora leerán o escucharán algo parecido? Abandonen toda esperanza y vayan encargándose un traje de luto. El entierro donde estrenarlo no será hoy, ni mañana, pero será. Allí donde se queman periódicos, donde se exilia a periodistas, se acaba quemando la libertad. A más ver.

P.S. Para colores negros el de las mujeres afganas enlutadas de por vida, por dentro y por fuera, viendo a sus niños esqueléticos morir de hambre sin que les dejen alimentarlos los islamistas talibanes de la multiculturalidad.

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