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Lorena Gil López

Análisis

L. Gil López

Los sintecho y la ordenanza de la vergüenza

Ni un gramo de humanidad en el documento mientras la Concejalía de «Inacción» Social cierra las puertas a indigentes en el centro de acogida

Un hombre pide dinero en la céntrica avenida Maisonnave. | DAVID REVENGA

No soy una persona que tenga una gran actividad social, vaya eso por delante. Me muevo en un triángulo entre mi casa, mi trabajo y el colegio, y solo salgo de ahí para llevar a mis hijos a los entrenamientos de baloncesto y fútbol y para hacer alguna compra. Es en esos trayectos cuando me cruzo con personas sin techo, personas que tienen su casa en una tienda de campaña o en un banco o en el suelo con unos cartones, y con personas que piden dinero a las puertas de un comercio. Pienso en sus vidas, y me avergüenzo porque no hago nada.

Me he leído la ordenanza de mendicidad, señor alcalde de Alicante, para que no me riña por opinar sobre ella, y sinceramente no hallo un gramo de humanidad, de dignidad, de convivencia, en ella. Encuentro, en cambio, desesperación, impotencia, lamento, humillación, en las palabras de las personas sin hogar. «¿Cómo vamos a pagar las multas? ¿Robando?», afirmaba desesperada una persona mientras pedía dinero en el centro de la ciudad turística que no quiere a molestos indigentes.

Cuando era pequeña era muy vergonzosa y no me atrevía ni a ir a comprar el pan, y mi madre me repetía como un mantra «vergüenza es robar», como si con esa frase se me fuera a ir la timidez. Pero vergüenza no es robar, vergüenza es no tratar a los demás con respeto y no hacer nada por ayudarles. Lo (pen)último de este bipartito: dejar fuera del centro de acogida a un sin techo porque no tenía una PCR. Vamos a ver, almas de cántaro, ¿se puede ser más insensible? Con lo que cuesta convencer a las personas que no tienen un hogar a que accedan a refugiarse bajo un techo, y un policía local llama y le responden que deje al indigente en la calle, tirado como una colilla. Total, no tiene un lugar donde vivir pero sí se puede gastar 90 euros en hacerse una prueba para ver si tiene covid. Y lo peor ya son las explicaciones de la Concejalía de «Inacción» Social: alega que cumple el protocolo de la Conselleria de Sanidad. Y mientras el indigente, ¿qué? ¿Se ha preocupado por él, concejala Julia Llopis? ¿Ha hecho un seguimiento de su situación?

Yo me avergüenzo. ¿Hay alguien en el equipo de gobierno que también se sienta así? Los que callaron en el pleno, como Ciudadanos, ¿qué sienten? Porque a mí me daría vergüenza sacar adelante la ordenanza de mendicidad apoyándome en un partido de ultraderecha, que no quiere que haya mendigos visibles, que no quiere que haya gais y lesbianas, que no quiere que haya inmigrantes, que no quiere la igualdad entre hombres y mujeres, que no quiere a escritoras comprometidas con la memoria histórica.

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