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Opinión | El ocaso de los dioses

Las aguas y los cauces

Francina Armengol.

Francina Armengol. / EP

En general, las aguas suelen volver a sus cauces originales. Y digo en general porque siempre hay excepciones que no hace sino reforzar el aforismo popular. Por ejemplo, El País (antes periódico independiente, de la mañana) publicaba el pasado día 14 un editorial con el título “Acoso a una menor”, que escrito así suena a película de cine mórbido protagonizada por Demi Moore y Michael Douglas. Pero no; cuando lees el editorial completo el periódico independiente habla del acoso sufrido por una niña de cinco años en un colegio de Canet de Mar, Barcelona. Y habla del tuit “Me apunto a ir a apedrear la casa de este niño. Que se vayan fuera de Cataluña” (de Jaime Fábregas, el consultor gastronómico independentista). El País se edita todos los días, y el día en que al gastrónomo de la lengua se le fue por la lengua todo el odio de nacionalismo supremacista que tiene acumulado, era el pasado 4 de diciembre, y el editorial se publica diez días más tarde. Aquí no podemos seguir a Miguel Hernández en su Elegía a Ramón Sijé “Temprano madrugó la madrugada…”. En este caso la madrugada ha tardado unos cuantos días en madrugar. Pero, en fin, hay otros medios, políticos independentistas y de extrema izquierda a los que ni tan siquiera esa aberración de violencia y odio les ha merecido un tardío epitafio editorial. Las aguas y los cauces.

No por eso, mis dos dilectas lectoras, deberían extrañarse de la noticia aparecida en algunos diarios dando cuenta de la indignación de Podemos ante la supresión, por parte del Gobierno de Baleares, del plus de residencia de 22.000 euros a los altos cargos fichados de la península. Ante dicha medida, para que no haya dudas entre ideología y nóminas, de los seis dirigentes peninsulares de Podemos tres han dimitido. Al archipiélago balear llegaron, desde la península, seis políticos de Podemos fichados por el Gobierno balear de la socialista Armengol al perder sus cargos en la península. Los que se han ido son -sin dar nombres para no aburrir- una asturiana, un vasco y una canaria, que imagino dominaban a la perfección el catalán como exige el Gobierno balear a médicos y médicas. Todos, todas y todes los de Podemos han alegado motivos personales para su dolorosa fuga de las islas. Los eufemismos siempre son por razones personales. Lo más doloroso es enfrentar la moral del bolsillo frente a la ética de las ideas, y cabe recordar que la extrema izquierda podemita prometió, con la solemnidad que le caracteriza, que no cobrarían por encima del triple del salario mínimo. Las aguas y los cauces.

Pero no se fatiguen demasiado; demasiadas fatigas nos dan esta vida de Covid, mentiras, manipulación, supremacismo nacionalista y acoso a menores de los que no se quiere hablar (vean, entre otros, los sufridos por menores tutelados por el Gobierno balear que ahora va a investigar una misión designada por el Parlamento Europeo, recordando que PSOE, Més y Unidas Podemos, que gobiernan las islas, rechazaron crear una comisión de investigación). Y también de necios, necias e ignorantes ilustrados. Díganme, si no, la última ocurrencia del ministro Sin Cartera Alberto Garzón, que no solo quiere que dejemos de comer carne, sino que días atrás propuso una “Huelga de juguetes” que fue secundada por 50 personas. Hay que aburrirse mucho, muchísimo, para que todo un ministro Sin Cartera dedique su tiempo en tan ingeniosas ocurrencias. Lo de ministro de Consumo es un chiste de mal gusto o una boutade tan cara a esta progresía de salón. Repasen lo hecho por Garzón contra los abusos a los consumidores de entidades financieras, líneas aéreas, telefonía, energía eléctrica y un largo etcétera que de leerlo el ministro le llevaría más tiempo que tragarse de un tirón En busca del tiempo perdido, y Garzón, el otro, no tiene tiempo que perder (ni de leer).

Pero todo es lógico, mes amis; en un Gobierno con presidente y 22 ministerios (el más grande de Europa), cautivo de sus extremos, con tantos favores políticos y facturas a pagar, en época de bonanza económica, sin apenas deuda pública ni inflación, con el precio de la luz más bajo de la historia, si se va el ministro podemita Manuel Castells, del que ni ustedes ni yo habíamos oído hablar ni visto hacer otra cosa que poner a todo el mundo universitario contra el mundo universitario -pleonástica eufonía que la Universidad española debería meditar dada su mala imagen en calidad y su viciada endogamia secular-; si se va ese ministro, digo, lo lógico sería amortizar una cartera inútil. No. Por aquello de las cuotas y la dependencia Ada Colau nombra ministro a Juan Subirats, que fue su número dos en Barcelona, esa ciudad que se va depauperando irremisiblemente como un edificio abandonado. De La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza a la ciudad aldeana de políticos xenófobos, okupas, vandalismo urbano, inseguridad callejera e indiferencia.

Ya habrán adivinado que mientras escribo este embrión de opúsculo estoy escuchando el Quinteto para piano y cuerdas de Schubert, “La Trucha”, con los mágicos dedos del pianista Evgeny Kissin. Esta obra de un joven Schubert (22 años) gustaba escucharla el maestro Wagner cuando visitaba el Caffé Lavena en la Plaza San Marcos de Venecia, tantas veces acompañado de Cósima Liszt, con la que se casó cuando la hija de Franz Liszt se separó de su marido, el director de orquesta y pianista Hans von Büllow, gran amigo y admirador del propio Wagner. Comparen el talento de Cósima Liszt, Alma Mahler, Isadora Duncan, Lou Andreas-Salomé, Virginia Wolf y tantas otras, con el talento de tantas otras, otros y otres de hoy. Las aguas y los cauces. A más ver.

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