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José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Periodista

Savater y el salto del tigre

Fernando Savater

En el año dedicado al tigre en el calendario chino, el simpático filósofo donostiarra Fernando Savater nos advierte a sus muchos lectores que procurará estar a la altura de la celebración. Y al objeto de cumplir con ese objetivo, nos informa de que acaba de publicar un libro, Solo Integral, editado por Ariel, que recoge una selección de artículos suyos que vieron la luz en los últimos seis años y en esta misma página. Por si hubiéramos olvidado su contenido, el autor de Ética para Amador nos hace una escueta relación de los temas que le han obsesionado durante ese periodo de tiempo. Temas, por otra parte, que ya conocíamos de ocasiones anteriores. En el primero de esos “novísimos” retrata a los “reaccionarios que en apoyo idólatra del sanchismo prefieren minimizar el evidente maltrato a los derechos lingüísticos de los ciudadanos catalanes que quieren educarse y expresarse en castellano”. La segunda comparecencia le sirve para criticar “el cada vez más desvergonzado exhibicionismo político de los derechohabientes de ETA, que ponen cara compungida al recordar los crímenes del reciente pasado, pero los condecoran y rentabilizan sin remilgos”.

Por último, ironiza con las procesiones convocadas por los Hermanos del Zulo en Bilbao y otras localidades vascas. No hay que indagar mucho en el análisis del texto para concluir que se refiere a Otegi y a los militantes de Bildu. Al filósofo se le nota especialmente irritado con la deriva de los acontecimientos y le parece obligado, como intelectual, oponerse a lo políticamente correcto. Tiene todo el derecho para hacerlo, pero no gustó, entre sus habituales lectores, que eche mano de una cita de Jules Renard para referirse a la opinión pública como “esa masa pringosa y peluda”. El llamado conflicto vasco (que nunca fue una guerrilla, ni un frente popular, sino una organización terrorista con ribetes mafiosos que asesinaba por la espalda o mediante coches bomba) emponzoñó a todos los que entraron en contacto con ella en distintos grados de implicación. Desde los sucesivos gobiernos españoles que intentaron un diálogo imposible hasta la utilización de mercenarios y elementos parapoliciales especializados en la “guerra sucia”.

Desde la influyente intervención de gobiernos extranjeros hasta los movimientos de dinero en paraísos fiscales para comprar armamento, incluso unos misiles en los que se había colocado un señuelo para localizar su paradero al momento. Desenredar esa madeja llevará tiempo y le brindará al filósofo donostiarra la oportunidad de afilar su ironía sobre el proceso (nacional pero menos) que ahora se inicia. Y como dicen los taurinos, nos proporcionará “tardes de gloria”. Lo que no sabemos interpretar sus lectores es esa advertencia final de “estar a la altura” del tigre en el calendario chino. Un animal hermosísimo que ha dado pie a vivencias extraordinarias. Muchos habremos leído de jóvenes la novela del italiano Emilio Salgari sobre Los tigres de Mompracem. Y a otros nos habrá hecho reflexionar la frase: “Una cosa piensa el cazador y otra el tigre”. Respecto de lo que se conoce como el “salto del tigre”, todos coincidimos en que el éxito de la operación depende fundamentalmente de la altura del armario.

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