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  Algunos días me despierto, escucho el parte meteorológico, y me pregunto si necesito saber algo más del mundo en el que vivo. Hoy, el cielo está despejado y la temperatura es de dos grados. Me abrigo, pues, para salir a caminar mientras la pregunta de más arriba sigue dando vueltas en mi cabeza. Ya el hecho de hacérmela implica una derrota: la de que no soy capaz de comprender el mundo en su totalidad. Me moriré con esa frustración que aumenta con la edad. No sé si el mundo se ha vuelto más complejo o yo me he vuelto más simple.

El caso es que no comprendo el mundo.

¿Qué zonas del periódico debería dejar de leer, ya que me da lo mismo estar informado que no sobre ellas? ¿A qué libros debo renunciar a partir de ahora? Tozudo como soy, intento estar al día de la política internacional, signifique lo que signifique “estar al día”. Pero me sirve de poco, ya que no logro articular los datos de esa política con la vida. Con mi vida, desde luego que no, pero tampoco con la existencia en general. Son tantos y de tamaños tan diferentes los fragmentos que componen el puzle global que reunirlos todos requiere una inteligencia superior.

Pero soy tozudo, ya digo, y continúo leyendo libros que no entiendo. En ocasiones, se enciende una luz y tengo la impresión de haber atrapado algo. Pero ese algo se deshace enseguida entre los dedos como el polvo de las alas de una mariposa. Hubo una época en la que era muy hábil cazando estos insectos. Los sostenía unos instantes entre los dedos índice y pulgar, observando cómo agitaban sus patitas, y luego los soltaba y los veía alejarse por el aire llevándose su enigma.

Tomo fragmentos de la realidad, los observo y los suelto, y el enigma sobre tales fragmentos queda sin resolver. Y el resultado de toda esa actividad es este hombre perplejo que ahora mismo camina por el parque soleado y frío, con las manos protegidas por unos guantes de lana y el cuello envuelto en una gruesa bufanda de colores. Los colores son para disimular el tono gris de mis ideas. De vuelta a casa, compraré tres periódicos de papel y los volveré a leer con la tenacidad y la desesperanza con que los leo cada día. Se acerca una borrasca.

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