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Marc Llorente

Ver, oír y gritar

Marc Llorente

Con el trasero al aire

Una concentración del 15M en Sol EFE

La lista de infamias y de falsas acusaciones es amplia desde que Podemos vino al mundo a raíz de aquel 15M de mayo de 2011. La intención hacia el partido de Pablo Iglesias, en principio, era ponerlo más morado de lo que es, y ese objetivo no se ha difuminado en ningún momento. Es decir, atacar por todas partes, a lo loco, intentando consolidar aquello de «Miente, que algo queda». Vale la discrepancia, sí, pero no el juego antidemocrático, un libertinaje donde algunos retozan al servicio de sus fines particulares y con una vaca bajo el brazo. El Gobierno de coalición, Pedro Sánchez y los demás siguen siendo la diana de quienes nos obsequian el pan duro de cada día.

Los archivos de causas judiciales, promovidas por los insultadores de siempre, se han ido produciendo tras levantar sus voces desesperadas, en busca de lo que no hay entre bastidores. La política y los modos de algunos son así. Solo se apoyan en las gruesas palabras, sin ningún razonamiento lógico que las ampare. La derecha española es experta, y los medios de comunicación afines pregonan sus hojas parroquiales. Recordemos que Casado pidió la cabeza del exlíder de Unidas Podemos, el entonces vicepresidente segundo del Ejecutivo, sin estar acusado absolutamente de nada.

Para que no lo olviden, se arremetió contra la caja B de Podemos que nunca existió. Los mismos, en este otro caso sí, del grupo de la contabilidad B ratificada por los tribunales en varias ocasiones. UP quedó imputada por el juez de turno. Y las derechas vieron una nueva oportunidad de ir de cacería. Ahora se ve claramente, cosa que ya se intuyó, que ni sobresueldos ni irregularidades en la reforma de su sede. Ni otras anomalías. No se puede decir igual con respecto al PP, como es público y notorio. Este es el partido aspirante a gobernar por la gracia de Dios, de sus operaciones oscuras y de las urnas.

Arremeter por simple inquina y contra todo lo que no sean sus intereses es lo que hacen el grupo popular, Vox y Cs. Mucho ruido con bombos y platillos y ninguna nuez. En ese aspecto, ahora callan estos personajes de ópera bufa. Quedan con el trasero al aire y las disculpas brillan por su ausencia en este tragicómico tinglado de la antigua farsa. No saben o no contestan cuando no pueden lanzar bombas impunemente.

La estrategia de la oposición seguirá como hasta ahora. Según ellos, son los únicos legitimados para gobernar. Se mantendrán en sus trece los periodistas afines a esa causa. O sea, el oleaje de la crispación, la manipulación y la desinformación en medio de la aún desorbitada sexta ola de una pandemia banalizada y en la que se han cometido fallos desde el primer día. Es de prever que la recuperación económica (lo más justa posible) vaya subiendo escalones y que naufrague el catastrofismo electoral de los espabilados del barrio. La agenda legislativa continúa y se requieren soluciones dignas e ir mejorando la salud de la democracia sin ensuciarla más. Un modelo económico sostenible, digital y ecológico. Hace falta una derecha verdaderamente democrática que frene la evolución de Vox. Que no se parezca tanto a las sombrías huestes de Abascal

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