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Gabriel Echávarri

El pulso de Sanguino al PSOE

Sanguino, durante un pleno previo a la pandemia

Pertenecer a un partido político significa, la mayor de las veces, asumir postulados que, aun coincidiendo contigo, no te satisfagan plenamente. Ahí es donde entra tu libertad personal de defender dicha postura de partido o, en cambio, desvincularte del mismo.

Cuestión distinta es si representas a dicho partido. En esa tesitura, los postulados que surgen del partido tienes la obligación de defenderlos y si no te vas. Pero, en caso alguno, alguien puede permanecer en un puesto público y no defender lo que emana del partido, porque el partido es soberano y, adoptada una decisión, por sus sistemas democráticos internos, todos sus representantes deben hacerla propia. En esa tesitura tu libertad no radica en defender o no defender la postura del partido, eso es innegociable. Tu libertad radica en irte del partido, no nos confundamos.

Efectúo esta introducción, palmaria por otra parte, a raíz de la postura del portavoz socialista en el Ayuntamiento de Alicante, Francesc Sanguino, en relación con la propuesta socialista de solicitar al Pleno municipal el nombre de una calle para la escritora Almudena Grandes. Según pude leer en este diario, el señor Sanguino, en el mes de diciembre, se opuso a la solicitud de una compañera de grupo para incluir dicha iniciativa entre las propuestas socialistas para la última sesión plenaria del año. Ante esta negativa, irracional pero legítima dado que no había acuerdo alguno sobre la misma y era una mera propuesta, la ejecutiva local de la agrupación socialista, en la que milita el portavoz, adoptó por unanimidad una resolución en el sentido de solicitar dicha calle ante el Pleno.

Pues bien, ahora me cuentan que, a pesar de dicha resolución, el señor Sanguino se sigue negando a llevar dicha propuesta, lo que me lleva a pensar qué motivos puede tener detrás.

Conocí al señor Sanguino en el año 2015, al ser el candidato del entonces concejal de cultura, Daniel Simón, para el puesto de director del Teatro Principal. Recuerdo que la primera Junta del Teatro que presidí como alcalde, el señor Simón, con formas maleducadas, cesó a la entonces directora, María Dolores Padilla, proponiendo al señor Sanguino, diciendo que “con dicho nombramiento se iba a demostrar que era posible hacer una programación de calidad, mejorando los resultados económicos”. Añadiendo, además, que si eso no era así, él mismo presentaría su dimisión como concejal.

Desconozco si en dicho primer ejercicio la programación fue de mejor calidad, al no ser experto en artes escénicas, pero sí que recuerdo perfectamente que los números, económicamente hablando, empeoraron muchísimo, no alcanzando ni de lejos las cuentas presentadas por la anterior directora. Ante esta situación, el señor Simón, días antes de la primera rendición de cuentas del señor Sanguino como director, me dijo que había que destituirlo, dado que él no iba a dimitir, y no quedaba otra opción. Como es evidente que no nos podíamos permitir el lujo de andar cambiando de director cada año, me opuse a tal decisión y, junto con el representante del Banco de Sabadell en el Consejo de Administración del Teatro, revalidamos la confianza en el señor Sanguino.

Francesc, que se había empleado a fondo durante el primer año en intentar humillarme, organizando premios sin invitar al alcalde para que la gloria recayese en Miguel Angel Pavón, remitiéndome correos en los que conminaba a que me abstuviera a entrar gratis al Teatro (cuando jamás lo había hecho) o negando la entrada a la entonces Bellesa del Foc para grabar un video dentro (que había recibido previamente mi autorización), se despegó de Guanyar, en cuya órbita gravitaba, acercándose al PSOE, renegando duramente del señor Simón y del entonces vicealcalde Pavón, tras percatarse de que si no llega a ser por mi intervención su andadura como director hubiera durado solamente un año, .

En ese tiempo, he de reconocer que conocí a un Sanguino con bastantes ideas, algunas de las cuales intentamos desarrollar, comenzando una relación que no se torció hasta que, una vez candidato a la Alcaldía, realizó una serie de desafortunados y lamentables comentarios sobre mi persona que llegaron a mis oídos.

Cuento todo esto para poner en valor que Francesc Sanguino es un hombre de izquierdas, que solo puede estar agradecido al PSOE y que, por tanto, no entiendo por qué decide menospreciar a una organización que únicamente le ha defendido, incluso cuando no militaba en ella. Porque negarse a asumir una resolución de la Ejecutiva de tu partido es creerte por encima de dicha dirección local, es pensar que tu sabes más que el partido. Y eso no es admisible.

Como espero sinceramente que esto no sea así, solo queda la opción de un ridículo pulso entre Sanguino y el partido. Pulsos de estos, en la historia reciente, se han vivido, por desgracia, muchos y siempre, siempre gana el partido. Por eso, le pido al señor Sanguino que recapacite, que asuma que pertenece a un partido (libre es de irse) y que se deje de pulsos, porque en este caso, además de perderlo con toda seguridad, los que más perdemos somos todos los alicantinos amantes de la literatura que, por un irrisorio desafío, nos vamos a ver privados de intentar realizar un homenaje a Almudena Grandes.

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