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Manolo Alarcón

Opinión

M. Alarcón

Una sucesión abierta

Carlos González ha quemado el penúltimo cartucho que le quedaba para aspirar a un tercer mandato en Elche, por encima de sus méritos, al dar su apoyo explícito al rival de Alejandro Soler

Carlos González felicita hace siete días a Alejandro Soler como nuevo secretario provincial en la sede del PSOE de Elche.

El 27 de mayo de 2019, un día después de que Carlos González se supiera ganador de las elecciones a las municipales (12 concejales) y seguro alcalde reelegido de Elche (con el respaldo de los dos ediles que obtuvo Compromís), comenzó a hablarse en los mentideros políticos de la ciudad sobre quién le sucedería en 2023. Puede parecer irónico que al día siguiente de su victoria ya le estuvieran buscando sustituto, pero este ha sido un runrún que, como un ruido sordo, no ha dejado de escucharse de puertas adentro de la Casa Consistorial ilicitana, aunque, de puertas afuera, los candidatos socialistas que aspiran a sucederle desde aquel mismo día, incluso antes, han esperado (y esperarán) su momento para darse a conocer. Todo ello ha pasado así por cómo lo ha manejado, como un hábil cirujano de la política, el secretario local y desde el pasado domingo también provincial, Alejandro Soler. Lo que él dice en su partido va a misa, o al menos esa es la imagen que se da. Poco ha importado lo que piense sobre su futuro Carlos González o lo que se valore su gestión, porque nunca ha estado en su mano obtener más que aquello que pactó con Soler para volver a ser el candidato en 2019. Y fue su compromiso de no intentar repetir para un tercer mandato. Si esto es o no una leyenda nadie lo sabe porque papeles escritos no hay y González tira balones fuera cada vez que se le pregunta por una cuestión que, inteligentemente, los socialistas filtraron para explicar por qué Soler aceptó de buen grado que su candidato fuera una persona a la que, dicho con mucha delicadeza, soporta.

Al regidor de la ciudad desde 2015 no le tiene que haber gustado que los periodista, cada vez que hemos tenido oportunidad, le hayamos preguntado qué será de su futuro más allá de 2023 cuando él lo que quería era hablar de sus proyectos, proyectos que pretendía y pretende que le sirvan de trampolín para seguir, como a todo político, amén de servir a la ciudad, claro está. «Este no es el momento (...) la lucha contra el covid es lo importante (...) yo estoy centrando en la gestión» son algunas de las respuestas estereotipadas de un hombre trabajador y tan lejano en la distancia del cargo como cercano en el trato personal. González, de aquella negociación intrapartido, en la que resolvió su futuro para encabezar la lista, sólo obtuvo que en los puestos de salida le acompañara Ana Arabid, su muleta y persona más fiel, quien ha aceptado todos los marrones que este le ha propuesto, hasta presentarse como alternativa a Soler en las pasadas elecciones a la secretaría local. Y, dicho de paso, todo ello le ha costado a la nieta de un histórico militante socialista ser un cero a la izquierda para sus compañeros del grupo.

El modo de gestionar las cosas del regidor, tan pausadas que desesperan; o tan estudiadas, sesudas, repetidas, prometidas y vendidas, pero que nunca llegan a puerto en los plazos o eso nos parece -muchas veces porque es literalmente imposible- pero él no se quiere dar cuenta e insiste, insiste e insiste... tampoco le han ayudado a ganar adeptos entre los concejales que Soler colocó en su lista, que han tenido una elegante opinión pública sobre lo que piensan de él, aunque por detrás, como a César, lo han acuchillado. Pero vamos al meollo.

Dicen que en política vale todo, e igual que Arabid ha sido útil para González, éste lo ha sido para otros sectores del partido -y aquí no hace falta poner nombres- que no querían a Soler al frente de la dirección provincial. ¿Por qué? Pues porque no o quizá porque es un verso suelto. Si hay otros motivos, no van a salir a decirlo porque, como se habrán dado cuenta, tampoco he dicho que, a día de hoy, sea el hombre de Pedro Sánchez en la provincia por lo que eso habría sido motivo suficiente. No creo que tenga este status ni él tampoco ha hecho gala de ello, aunque se haya dejado querer. Soler tiene una valía dentro de su partido proporcional al peso en la agrupación de Elche, que ha crecido recientemente (200 afiliados más que lo votaron a secretario provincial). Mientras que a González, que su valía es la Alcaldía, que no debería ser poco, lo incluyeron en la ejecutiva del PSPV-PSOE, al frente de la rimbombante área de Grandes Ciudades, para que fuera contrapeso de Soler, pero no por ser hombre de Ximo Puig, que no lo es. Sólo hay que ver cómo está tratando a Elche el president con la deuda que reconoció, que hasta vendió que la compra del edificio de Correos era para ello y ha terminado por adquirir posteriormente los de Alicante, València y Castellón, como bien significaba esta semana Joan Antoni Oltra en su Temes d’Elx.

Y González acabó haciendo el papelón que le pidieron, siendo avalista del candidato ximista, Toni Francés, que se enfrentó (y perdió) en las urnas contra su secretario local. ¿Alguien duda de que González vio en una derrota de Soler, a manos del aparato, una posibilidad para repetir como candidato a la Alcaldía? ¿Alguien cree que Soler, si tenía alguna mínima duda sobre la posible continuidad de González al frente de ésta, por cómo había gestionado la ciudad o bien porque no tiene un candidato fiable, iba a permitirle un tercer mandato después de la afrenta?

Y la noche que Soler ganó, González, quien a veces hace cosas que no se entienden, no tuvo empacho en ser uno de los primeros que le abrazara como nuevo presidente provincial. Hace hoy de ello siete días y esta es la imagen que acompaña el artículo. Mientras, Ana Arabid o el exalcalde ilicitano Diego Macià, pasaban frío a las puertas de la sede socialista de General Cosidó. Y lo hicieron antes, durante y después de conocer el resultado. Los antiSoler ilicitanos, no los hombres de González sino todas las facciones/grupúsculos unidos, suman un 18% porque ese fue su resultado en la urna de Elche. Y el flamante secretario provincial tras su triunfo y le pese a quien le pese, no va a renunciar a presentarse a la reelección como secretario local, lo que sucederá después del verano, ni siquiera dejará a un hombre de su confianza porque sabe que él es el poder siempre que Elche sea su poder y, aunque muchas veces no juega a caballo ganador, casi siempre gana.

Un compañero me sugirió el otro día, hablando precisamente del tema, de que esta opinión se debería titular «Condenados a entenderse», en referencia a que consideraba que Soler necesita ahora a González casi tanto como González necesita a Soler. Y razón quizá no le falta. Si el PSOE quiere obtener el mejor resultado en 2023, ¿cómo un nuevo secretario provincial que quiere consolidarse como líder no va a confiar en el que ha sido su alcalde ocho años y que mejoró porcentaje de voto y ediles en su reeleción? ¿cómo va a explicar en otros foros socialistas que prescinde de alguien que, sin duda, quiere repetir?

Y González, no lo olvidemos, en estos cuatro años está recogiendo los frutos de toda su gestión, que podemos entender que han sido insuficientes si se tiene en cuenta que durante su mandato ha tenido a su partido gobernando en la Comunidad (desde 2015) y España (desde 2018) porque se le han visto las costuras, tanto a él como le precedieron del poco peso político que, gobernara quien gobernara, ha tenido siempre Elche en el panorama político.

Vuelvo a decir lo que ya dije antes: en política todo vale, hasta que Pablo Ruz, quien sigue con mucho interés todo lo que pase en el PSOE, pueda terminar siendo el gran beneficiado de un pacto contranatura que en 2019 firmaron Soler y González para decidir cuatro años después quién, seguro, no iba a ser candidato a la Alcaldía.

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