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Adrián Ballester Espinosa

Combatir la desinformación

Imagen de Apps de mensajería y redes sociales en un móvil.

A la sociedad actual se le conoce como sociedad de la información en tanto en cuanto estamos inmersos en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación social. El uso de la tecnología ha variado la forma de poder comunicarse a la vez que también el del uso de la información de masas.

Hemos pasado de un modelo informativo direccional entre medios de comunicación y consumidores de información, a un modelo multidireccional donde los consumidores de información también pueden ser emisores de información. La ciudadanía ahora también puede ser un agente informador a través de las redes sociales y su impacto puede ser alto.

Si se supone que los medios de comunicación son contrastadores y verificadores de la información que emiten al tener personas preparadas profesionalmente para ello, también hay medios que bajo una aparente normalidad pueden ser emisores de información falsa, sesgada o no dando todos los datos para que la persona informada pueda realizar un ejercicio crítico por sí misma. Pueden darse la información desde un punto de vista político o económico o también, la eterna dicotomía donde hay profesionales que confunden la pieza informativa con la pieza de opinión, donde son dos géneros periodísticos diferentes.

La trayectoria de un medio informativo es vital para poder decidir por nosotros mismos, si así lo queremos, si nos fiamos o no de la imparcialidad que un medio de comunicación debe tener o al menos aparentar. Aunque también con transparencia muchos medios definen cuál es su línea editorial. Por ello, se puede comparar ante una determinada pieza informativa haciendo un análisis objetivo de cuál es el tratamiento que realizan diferentes medios de comunicación.

La elección de la información que consumimos es vital, así como, si estamos bien informados o no. La desinformación y las noticias falsas se utilizan en la actualidad como un arma política en la desestabilización de gobiernos o el impulso de determinadas cuestiones que un lobby tenga interés. Debemos ser consecuentes y ver el rigor periodístico de un medio antes de compartir una información, retuitear algo o difundirlo a través de aplicaciones de mensajería instantánea.

También, debemos estar alerta a si recibimos determinados pantallazos de noticias que puedan ser escandalosas, podemos entrar y verificar en un medio de comunicación si la noticia es, en efecto, la que hemos recibido. O por contra, si se trata de un bulo. Si no cortamos la cadena de transmisión, contribuimos a que el bulo siga siendo cada vez más extenso.

Por otro lado, también los supuestos medios de comunicación digitales pero que en realidad suelen ser tapaderas para la difusión de determinadas informaciones no contrastadas, en muchas ocasiones pueden ser los canales de difusión de estas noticias falsas. El compartir este tipo de informaciones depende de cada uno de nosotros.

En los últimos años se ha puesto de manifiesto cómo se utiliza la desinformación, los bulos, las noticias falsas, la falsa propaganda como medios de información para intentar influir en el ámbito decisorio de la ciudadanía o de poder manipular con información incorrecta en la consecución de un determinado propósito.

Los servicios de inteligencia españoles, ya por ejemplo, informaban de la relación de determinadas informaciones con respecto al nacionalismo catalán atribuido a los servicios de inteligencia rusos. O también, estos últimos en las múltiples injerencias denunciadas en la desestabilización de la Unión Europea y diversos países miembros con el apoyo en redes sociales a los partidos anti europeístas. O también, los numerosos bulos difundidos a lo largo de la pandemia que atravesamos desde hace dos años, entre otros muchos ejemplos.

Es necesario introducir en nuestro sistema educativo herramientas para que podamos formar a la sociedad en la prevención de las conductas que puedan evitar caer en la trampa de la desinformación. Cuanto mejor conocimiento tengamos, formación en prevención, comprobar las fuentes de la información, poder verificar si lo que recibimos es cierto o no antes de rebotar cualquier dato, es algo fundamental. Nos hará más libres como personas y como ciudadanos. Combatir la desinformación es cosa de todos.

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